«Antonio murió de amor»

A CORUÑA

Los vecinos del fallecido en su casa de A Torre creen que la desaparición de su compañera acabó con él Huele a limpio en el número 7 de la calle San Roque. 24 horas después de que Antonio Martínez Aguiar apareciera muerto en el quinto piso del citado inmueble, sólo los nervios de los vecinos y los comentarios de los transeúntes revelaban el impacto del hallazgo. Las causas del óbito eran la incógnita a despejar. «Murió de amor», observó un viandante. Los ocupantes del edificio tenían otras preocupaciones. «No he podido dormir en toda la noche», explicaba con voz quebrada Luisa, la ocupante del tercer piso de la vetusta casa situada en el corazón de la ciudad, a escasos metros de la bulliciosa plaza de España.

18 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La calle San Roque se mantenía ayer ajena al luctuoso suceso. La actividad comercial no sufrió alteración alguna y sólo los comentarios de algunos viandantes recordaban el triste hallazgo del cadáver de Antonio Martínez Aguiar. La duda era saber las causas del fallecimiento. Sus convecinos recuerdan a Antonio como un hombretón de unos 70 años. «Tenía buena planta y andaba siempre bien vestido», dice uno de los que mejor le recuerda. «Es verdad, siempre andaba muy peinadito, muy pulcro», corrobora la inquilina del primer piso del número 7 de la calle San Roque. Luisa, que vive en el tercero del mismo edificio, reflejaba en su rostro la inquietud de todos sus convecinos. Ninguno se esperaba el fatal desenlace. No es que Antonio, antiguo albañil de profesión, fuera un personaje con especial cariño en el portal de su casa. «Aquí apenas le conocíamos. Llegó hace unos cinco años y nunca hemos tenido mucho trato con él», confesaba Luisa y ratificaba instantes después la ocupante de la primera planta. Eso sí, el mal olor causó cierta inquietud en el vecindario. «Al principio olía a perro muerto, pero pensamos que podía ser alguien que se había olvidado de sacar la basura», confirmaba una de las inquilinas en el portal de la casa. Nadie le echó de menos Pero la verdad es que nadie le echó de menos en su barrio. En ninguno de los bares y locales que hay en la zona sabían dar explicaciones sobre el fallecido. «Por aquí no venía, prefería otras zonas. Serían recuerdos de su mujer, Luz Divina, que hace años frecuentaba mucho otros sitios», informaron ayer por la mañana algunos de los consultados. Aunque no hay demasiados datos, los más románticos atribuyen la muerte de Antonio a la desaparición de Luz Divina. «Desde que ella murió, hace algo más de un año y medio, perdió la ilusión por vivir. Apenas salía de su casa y dejó incluso de ir a la compra», señalaron esos mismos residentes en el entorno de la plaza de España.