Los viajeros se consideran «víctimas inocentes» de la huelga de autocares

M. BARBA A CORUÑA

A CORUÑA

ANA JUNQUERA

La segunda jornada de paro en el transporte transcurrió en la ciudad sin incidentes violentos Hay huelga para rato. O al menos eso dicen los sindicatos. Mientras el comité y la patronal discuten, los pasajeros esperan. Los primeros sostienen un pulso para llegar a un acuerdo sobre el convenio salarial. Los segundos le echan la culpa al gobierno central de la subida de los precios del gasóleo. La jornada de ayer estuvo marcada por la confusión, más que por los incidentes. Algunas lunas rotas y el pinchazo de una rueda violentaron una mañana en la que, sencillamente, nadie entendía nada.

20 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuidado con los carteles. Un simple letrero en el que esté escrito servicios mínimos le puede salvar el viaje. Si no que se lo cuenten al conductor del Castromil que debía hacer el recorrido A Coruña-Santiago-Pontevedra-Vigo, a las diez de la mañana. Olvidó colocar su salvoconducto en el cristal. Ya con los pasajeros a bordo le impidieron la salida. Todo quedó en un susto con aroma a mosqueo: el conductor se hizo con un cartel en el último momento y, con retraso, pudo iniciar su recorrido. Pocos incidentes durante la jornada de ayer, que comenzó con el pinchazo de una rueda y la resaca de la noche: doce lunas rotas, la mayoría de la empresa Asicasa. Los sindicatos aseguran que los exiguos servicios mínimos se cumplieron sin problema. Otra es la opinión de los pasajeros: «Ayer hubo servicios mínimos, pero hoy no hay nada». Lo afirma María Canosa, que estaba muy enfadada. Ir en taxi a Fisterra le costó unas once mil pesetas, «y los médicos no pueden esperar». Poca gente conocía los motivos reales del paro: «Se trata de la subida del gasóleo». La mayoría apoyan las peticiones de los trabajadores pero, como afirma Trinidad, «al final pagamos los ciudadanos».