La Orquesta Sinfónica de Galicia transportó a los coruñeses al mundo del genuino «gospel» afroamericano La plaza de María Pita volvió a registrar un lleno absoluto en el segundo de los conciertos ofrecidos al aire libre por la Orquesta Sinfónica de Galicia. Durante casi dos horas, los más de 8.000 asistentes al espetáculo musical disfrutaron con un programa compuesto por dos partes bien diferenciadas, en el que destacó la interpretación de varios espirituales negros. En primer lugar, la formación dirigida por Víctor Pablo Pérez encandiló al público con la sobriedad de la Sinfonía Nº 9 del Nuevo Mundo, de Antonin Dvorak.
27 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Despliegue técnico Las dos pantallas gigantes de vídeo instaladas a ambos lados del escenario y el potente sistema de amplificación de sonido contribuyeron a que el público siguiera con la mayor calidad y comodidad el desarrollo del concierto. La voz de Gwendolyn Bradley se metió en el bolsillo a los coruñeses nada más iniciarse la segunda parte. El popular Porgy and Bess, de Gershwin, junto a varios espirituales negros, hicieron que el gospel transportara a los asistentes a la genuina Norteamérica de orillas del río Mississippi. El espíritu de María Pita, cuya estatua presidió la actuación, se fundió con los cánticos de libertad procedentes de la otra orilla del Atlántico.