Una centenaria con tres siglos

GUILLERMO LIAÑO BETANZOS

A CORUÑA

ESTUDIOS BLANCO

Comer bien, una dosis de humor y mucha calma, el secreto de tan extenso discurrir vital Disfrutar de una existencia centenaria no es materia cotidiana. La salud se toma sus licencias y el Santo Grial sigue en paradero desconocido. Con semejante panorama, lo de María Manuela Naya Zapata es todo un alarde de longevidad. Más de un siglo contemplando atardeceres, y sigue sumando. La centenaria bergondesa lleva desde el pasado 9 de agosto en su casa natal de Rois, con la sombra de un reactor en el entrecejo. Y es que eso de surcar la atmósfera le tiene encantada, aeropuertos incluídos. La receta de tan prolongado discurrir vital es secilla, «basta con mantener la calma», apunta Doña María.

26 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Entre latido y ventrículo, María Manuela Naya Zapata cuenta con más de 36.000 días en las alforjas vitales. El asunto vienen a ser ciento un años, toda una utopía para el resto de los mortales, que la salud es exigente y los años tienen sus efectos secundarios. Una madrugada de 1899, el 25 de julio, a Doña Manuela le dio por nacer y hasta hoy hemos llegado. Entre medias, tres siglos de historia, guerras mundiales, amor y alegría. Y la cosa va para rato, porque el año dos mil está recién estrenado y la abuela bergondesa se siente «moi ben de saúde», con la intención de seguir dando charla y anécdotas y demostrando toda su vitaliad. Árbol genealógico Su árbol genealógico tiene silueta de selva amazónica. Nietos, biznietos, sobrinos y allegados que se reparten por toda la península española. Y en la retina, un pueblo llamado Rois, conocido como a casa da torre, su villa natal en el concello de Bergondo. Tan afortunada longevidad existencial tiene su apunte para el análisis científico. Vivir largo tiempo no es una cuestión cartesiana, basta con una dieta adecuada, tortilla betanceira, si se tercia, buen humor y paciencia. Y sobre todo, muchas ganas de vivir.