Un total de 9.000 personas corearon en el multiusos coruñés los clásicos del poeta urbano jienense La inspiración era esto. Sabía A Coruña del estado de gracia creativa de Sabina, porque ahí está, vivo en las listas de éxitos, el poemario de asfalto «19 días y 500 noches». De su directo se habían escuchado lindezas, certificadas anoche en el Coliseo. El jienense, en bullicioso estado de gracia, donó a sus «troncos» unas horas de inspiración. En el cartel del concierto, Joaquín luce unas alas. A Coruña sabe desde ayer que también las da. Los 9.000 fieles, que llenaron el aforo, entraron en trance levitario emocional.
18 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Y nos dieron las diez y Sabina, ná de ná. El Flaco de Úbeda pisó las tablas con puntualidad española, o sea, tarde, pero no por su culpa sino por el retraso de sus fieles. Veinticinco minutos y un fugaz saludo _«buenas noches, Coruña, boas noites Coruña. Un gusto estar aquí de nuevo»_, después el trovador callejero desgarró Esta noche contigo, a la que siguió Buenas noches princesa. El concierto arrancó en quinta velocidad. El Coliseo, de bote en bote, botaba, pese al calor. Sabina, figura enjuta que llena escenarios, dirigía desde la atalaya de sus tablas a una masa de manos alzadas y pies rítmicos. Vibró el tendido del Coliseo con el Sabina más rockero, secundado por una banda de dos orejas y rabo. Los pies descansaron, pero el termómetro emocional alcanzó temperaturas de junio de 2000 en A Coruña cuando en la tercera canción de la noche, Barbie Superestar, incluyó una estrofa con «Dépor campeón». En estado de gracia y en una noche para incluir en la biografía sentimental de sus fans, Sabina cantó al amor y al horror, al «mangui» y al Urdangarín, a la noche y al día. Cantó para un público heterogéneo, para una fusión generacional que se rinde, a este tipo que a sus «cuarenta y diez» canta las 40 todas las noches.