La Xuntanza de Palilleiras se cerró con éxito de público

E. MOUZO A CORUÑA

A CORUÑA

Sus organizadores creen que el encaje puede ser un importante recurso económico Carmiña Campos, la presidenta de la Asociación de Palilleiras de A Coruña, reconoce que el auge del encaje de bolillos comenzó hace unos años con el arranque de la Feira do Encaixe de Camariñas. Campos y su vicepresidenta, la coruñesa-camellana Gelines Bonigno Santacruz, intentan seguir los pasos de la villa de la Costa da Morte. Así, ayer se clausuró con un notable éxito y con la promesa de mejorar el próximo año la cuarta Xuntanza Internacional de Palilleiras.

04 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Carmiña Campos no quiere aventurarse a dar una cifra de las personas que se pasaron por la Estación Marítima, aunque asegura que fueron miles. Sin embargo, también reconoce que queda mucho por hacer y «debemos mejorar en posteriores ediciones», subrayó. En primer lugar, quiere que la exposición de los trabajos esté anexa a la sala donde las palilleiras realizan su trabajo. Para ello, quiere que las instituciones «se mojen más». Aun así, agradece el apoyo que están recibiendo de la Diputación, Ayuntamiento, Xunta, Cámara de Comercio y Comisión de las Hogueras. Carmiña Campos y Gelines Bonigno consideran que el encaje puede volver a ser, como hace años, un importante recurso económico, «además de un arte y un método de relajación». Reconocen que aunque los mejores trabajos se realizan en Arou, Camelle, Ponte do Porto, Carnés o Carantoña, las labores de las coruñesas también tienen muy buena calidad. La atracción de este certamen estuvo en la presencia de una palilleira argentina, Inés Fernández. Esta mujer empezó a palillar en Colombia y hoy tiene varios centros de enseñanza en Buenos Aires. Además de las palilleiras de toda Galicia, también demostraron sus habilidades artesanas de otras zonas de España y de Portugal. También estaban presentes firmas de venta, entre ellas Encajes Gelines, una tienda ubicada en la calle Real y regida por una mujer de Ponte do Porto, el pueblo donde casi con toda seguridad nació el comercio de la puntilla.