CARLOS FERNÁNDEZ PERSONAJES CORUÑESES
30 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Fue Clemente (su nombre completo era Clemente Vázquez Barreiro) uno de los tipos populares más famosos de A Coruña. Como algunos ex-legionarios (había estado enrolado en el Tercio Juan de Austria, en El Aaiun), estaba algo tocado del ala, pero en vez de manifestarlo en peleas tabernarias y otros escándalos, lo hacía con su excéntrico comportamiento, especialmente con su bicicleta. Yo le vi cuando era niño bajar a velocidades suicidas los más de cien escalones que hay desde la Farmacia Militar, en General Alesón, a la calle Capitán Troncoso, frente al Ayuntamiento. Tenía tan dominada su bicicleta que podía circular cabeza abajo sobre el sillín, vuelto de espaldas al manillar y, también, de lado, como salían de asaltar un Banco los viejos pistoleros del Far-West. Su hazaña mayor, que adquirió dimensión nacional, fue con motivo de la Vuelta Ciclista a España. Esperó en el Puente Pasaje y cuando calculó que faltaban diez minutos para la llegada de los corredores, se echó al asfalto, disfrazado con maillot ciclista y numeral en la espalda. Cuando llegó a la meta recibió una estruendosa ovación del público presente, ignorante de la clementada. Clemente, como Marcelino y otros tipos populares, vivió casi siempre a salto de mata y de la caridad pública, entendiendo por tal la espontánea y generosa de muchos coruñeses, especialmente de los trabajadores del Muro, pues antes no existían «pensiones no contributivas» y sanidad gratuita para todos. De todas maneras, hay que citar que trabajó, además del Muro, de recadero en una zapatería de Juana de Vega, en un garaje de la calle del Orzán y en la Viuda de Alfredín. También tocó el bombo en la banda del Hospicio, en donde nació, allá por 1922. Un acontecimiento Uno de los escritores locales que mejor lo describió fue el doctor José Manuel Segura. «Era un acontecimiento _dice_, mejor que el Circo Corzana. Lo nunca visto. Los niños y jóvenes lo jaleaban. Su nombre era coreado como el de un gran triunfador. Pasó a ser patrimonio de una ciudad, esa memoria colectiva, que no es propiedad de nadie, sino de aquellos que le vieron y oyeron hablar de él a sus padres y abuelos. Fue, además de un amante de la libertad, el último mohicano de A Coruña».