La exclusividad de La Mar y de Terras Gauda Etiqueta Negra
Los vinos Premium de Bodegas Terras Gauda redefinen la esencia de lo selecto y cuentan la historia de su territorio
30 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Bodegas Terras Gauda elabora sus vinos guiada por la filosofía de que cada uno cuenta una historia que nace de su territorio y de sus variedades autóctonas, reflejando una identidad propia y reconocible. El albariño, el caíño blanco y el loureiro son las variedades protagonistas, expresión genuina de un origen que se refleja en cada matiz.
La Mar de Terras Gauda 2022
La diferenciación y la fidelidad al entorno forman parte de la identidad de la bodega que, siguiendo esta filosofía, recuperó el caíño blanco. Esta variedad ancestral estaba prácticamente al borde de la desaparición en la década de los ochenta por las dificultades de su cultivo.
La extraordinaria calidad y el valor añadido que aporta a la cultura y al mundo del vino llevaron a la bodega a emprender este proyecto y a lanzar al mercado el primer vino elaborado con caíño blanco en el 2009. La Mar de Terras Gauda deja sentir en cada copa la esencia atlántica por su capacidad para captar y expresar toda la mineralidad del terruño.
Añada tras añada, La Mar de Terras Gauda se ha posicionado como un vino único y con una capacidad de envejecimiento que sorprende en un blanco. Esta se debe a su proceso de elaboración: tras la fermentación alcohólica, se mantiene en contacto con sus lías durante más de dos meses y, posteriormente, descansa a baja temperatura al menos medio año más hasta terminar de afinarse durante su reposo en botella.
Terras Gauda Etiqueta Negra 2022
La innovación y la estrategia de diferenciación que siempre han caracterizado a la bodega han sido la palanca para elaborar también el primer vino blanco gallego fermentado en barrica de roble francés y en la crianza sobre lías.
Desde esa primera añada de 1993 hasta la actual (2022) ha continuado reafirmando ese espíritu innovador con una combinación equilibrada entre la finura del roble francés, ahora trabajando en fudres en lugar de barricas, y la expresión frutal del albariño, caíño blanco y loureiro, que dan lugar a un vino elegante, estructurado y de marcada personalidad.
En boca impresiona por su notable potencia y cuerpo, que coexiste perfectamente con una deliciosa frescura. Resulta opulento, aterciopelado y untuoso con un poderoso y largo final. Su potencial de envejecimiento también es revelador: puede evolucionar de forma positiva en la botella hasta cinco años más.