¿Cuántos al mes?

PONTE A CONTAR ¿Cuántas veces lo habéis hecho últimamente? Puede que ni lo recuerdes o puede que te dé pereza solo de pensarlo. Pero te desvelamos algo: si llevas un tiempo con tu pareja, es posible que se os esté olvidando algo mucho más importante. El sexo es de ciencias, pero no de números.


Dos a la semana. Es leer la estadística y algunas parejas se vienen arriba. Claramente, porque la superan. Otras, sin embargo, se saben por debajo, se frustran y creen que su vida sexual es un desastre. Recurrir a la frecuencia como medidor de la calidad de la pasión es comprensible, pero resulta que es un tremendo error. Lo dicen las expertas: compararnos con la estadística «es lo menos sexual que podemos hacer». Así de contundente se muestra la sexóloga Aránzazu García, de la Clínica Vida, en Vigo. «No hay ninguna pauta que se pueda considerar más correcta que otra, solo la que se adapte a cada persona y pareja», dice. Aránzazu García tiene claro que «el sexo es para procrear, para disfrutar o para unir», por lo que asegura que plantearse esas normas «no tiene sentido».

Es una opinión compartida por Nayara Malnero, sexóloga y autora del blog Sexperimentando: «Hay parejas que lo hacen todos los días y no están felices con su relación y otras que lo hacen una vez al mes y sí lo están», explica, y afirma que, cuando se trata de sexo, «vale más la calidad que la cantidad». Ambas reconocen que, en una pareja, lo normal es que la frecuencia del deseo sea diferente, y que muy a menudo ese desequilibrio genera frustración. «Ya no me quiere», «ya no me desea» o «¿será que ya no le quiero?» son pensamientos muy comunes. Pero advierten que son interpretaciones erróneas.

ASÍ DISMINUYEN

Como todo, la disminución de los encuentros sexuales tiene su explicación. «Las parejas jóvenes y las que llevan poco tiempo lo hacen con más frecuencia, en general. Más que la edad, influyen las circunstancias vitales: por ejemplo, cuando aparecen los hijos», explica García. Malnero, por su parte, introduce el factor del tiempo compartido. «Normalmente, el ritmo de vida que llevamos no nos permite tener un deseo alto. Hay parejas que no pasan tiempo juntas, pero luego dicen que quieren tener relaciones sexuales, y eso no es compatible», afirma. Las sexólogas cuentan que, en general, son las mujeres las que echan el freno sexual -«aunque no siempre»-, pero se trata de un fenómeno biológico, ya que «el papel hormonal tiene más peso y los estrógenos reducen el deseo», apunta García, que también menciona una teoría cultural: «Tiene que ver con que a las mujeres se nos educa para estar disponibles para lo que se espera de nosotras, y no a mirar por nosotras, por nuestra sexualidad», apunta.

En cuanto a la edad, «hay una creencia extendida según la que, cuando te haces mayor, no tienes ganas y, si las tienes, eres un viejo verde. Pero, mientras puedas, no hay una edad para dejar de tener relaciones» aclara Malnero.

LA SOLUCIÓN

Entonces, si uno quiere una cosa y el otro, otra, ¿cómo se soluciona el problema? Aránzazu García observa que, «normalmente, las parejas abordan esto con una actitud belicosa: ‘Yo gano, tú pierdes’». Pero la solución no es dejar de tener sexo, ya que «cuando las relaciones sexuales se abandonan, lo único que se hace es posponer e intensificar el problema». «Necesitamos llegar a acuerdos. Esto no es como decidir el colegio de los hijos», advierte.

Y, ojo en este punto, porque García avisa de que, «si no se llega a un acuerdo, las posiciones se vuelven más extremas». «Si, por ejemplo, la mujer quiere hacerlo dos veces al mes y el hombre cuatro, después de un año teniendo cuatro a la semana la mujer piensa que no quiere nunca o, si es al revés, el hombre cree que quiere siempre. Pero eso no es real».

Nayara Malnero, por su parte, insiste en que la clave es la importancia de pasar «tiempo de calidad juntos», antes de pasar al «tiempo sexual». «No se trata de hacer juntos la compra, sino de charlar, compartir, cenar juntos sin teléfonos móviles... y esas cosas que nadie hace (dice riendo)». Y, como todo lo bueno y satisfactorio, requiere un trabajo previo: «Hay que organizarse y encontrar el momento y la motivación».

¿Pautas más concretas? García asegura que existen «un montón de opciones»: «Hacerlo despacio para que uno pueda tener dos orgasmos, que el otro se quede con ganas de más, que las relaciones no sean coitales, adaptarse al juego que le gusta a la otra persona...». ¿Quién dijo abstinencia?

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