Facultades y escuelas han ganado para la ciencia y la cultura, y por tanto para el conocimiento, uno de los espacios más bellos de la ciudad: el que entre libros y árboles conserva los edificios del antiguo Hospital Naval
16 jun 2010 . Actualizado a las 14:35 h.Es media mañana, y junio parece un mes de invierno. Llueve con fuerza y el agua que cae del cielo se muestra especialmente feroz con quienes tratan de evitarla. Un ensañamiento, el suyo -el de mojar a quienes querrían permanecer razonablemente secos-, que tiene un impagable aliado en el viento. Ahora el profesor Ramón Yzquierdo Perrín, catedrático de la Facultad de Humanidades, miembro numerario de la Academia de San Rosendo y uno de los investigadores que hicieron posible la reconstrucción del coro pétreo del Maestro Mateo, atraviesa el Campus Universitario de Esteiro bajo un paraguas colorado que no parece ser de gran ayuda contra la tormenta, aunque lo más probable es que tampoco lo pretenda. Se encuentra, Perrín, con un amigo, y ambos se detienen a conversar un momento. Hablan del Pórtico de la Gloria un instante; de lo que en pleno Año Santo Xacobeo acontece con una de las más grandes obras de arte de la Cristiandad. Y después reanudan su marcha bajo la lluvia, cada uno en una dirección diferente. En Ferrol, que es una isla en tierra, también el Campus de Esteiro tiene algo de ínsula, cosa que uno no sabría explicarles muy bien a la hora esta -bien avanzada la madrugada, ya...- en la que les está escribiendo. Pero que tiene mucho que ver, sin duda, con lo de acogedor que allí resulta el urbano fruto del entendimiento entre los árboles, los libros y las construcciones que conviven con ellos.
Diálogo entre dos épocas
Hay edificios construidos a comienzos del siglo XX por arquitectos como Tollet o como Ucha Piñeiro, que después, casi a caballo entre dos milenios, fueron rehabilitados por otros arquitectos como Mercedes Ínsua o Alfredo Alcalá, consiguiendo, mediante intervenciones en las que cada cual quiso dejar testimonio de su propia sensibilidad frente al peso de la tradición y ante su tiempo, un diálogo entre dos formas de ver la realidad, cuyo resultado es realmente bello. Edificios, permítasenos el ejemplo, como la Facultad de Humanidades, que Tollet había levantado en el año 1902 como edificio central del complejo hospitalario de la Armada, y que Alcalá rehabilitó 94 años más tarde, convirtiendo en espacio para el estudio un edificio singular en extremo, que tiene un lugar de honor en los recuerdos de varias generaciones no solo de ferrolanos, sino también de todos cuantos a Ferrol acudieron, ya fuese respondiendo, tal vez, a la llamada de la Armada, o quizá buscando nuevos conocimientos.