«La ciencia no es criticable, sí el mal uso que se hace de ella»

CIENCIA

Profesora y directora de un prestigioso centro en EE.?UU., lamenta que la mayoría de los científicos vivan «al margen de la sociedad»

11 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Kristin Shrader-Frechette, profesora en la Universidad de Notre Dame, es la principal invitada de las novenas jornadas sobre filosofía y metodología de la ciencia que se desarrollan hasta hoy en Ferrol. En la primera conferencia explicó su teoría sobre la democratización de la ciencia. -Es una analogía de lo que hacen los gobiernos cuando informan a los ciudadanos y necesitan de su consentimiento. En el caso de las cuestiones relacionadas con la ciencia, el individuo particular también ha de ser informado, tanto en cómo se hace esa ciencia como en su uso, especialmente en aquellos que afecten directamente al ciudadano. -¿Cuáles serían esos casos? -Cualquier área del interés público, de la que se tiene que informar. -¿Y si esa información llega desvirtuada, sesgada? -Ha de proceder de las propias agencias oficiales y no estar condicionada por grupos de intereses particulares. Yo no tendría como informadores a grupos ecologistas o políticos. Y luego está el derecho de los ciudadanos a decidir cuando se presenta una situación dudosa. Los ciudadanos ahí han de opinar para saber si lo que se hace es bueno o malo. -¿Qué le parece el asunto de la clonación? ¿Cómo informar ahí? ¿Es ético? -(Silencio) Los ciudadanos han de conocer todos los puntos de vista para estar informados, sobre todo las personas más vulnerables, con menos recursos o más afectadas. Hay que distinguir entre la científica y la reproductiva. La clonación del ser humano no es éticamente justificable. Otra cosa es la clonación terapéutica. -Los científicos parecen estar, en muchos casos, totalmente alejados de la realidad más inmediata. -Hay muchos que viven en una torre de marfil, al margen de la sociedad. Reciben financiación del gobierno, y por ello son, o somos, responsables ante la ciudadanía. A ella debemos informarla. De lo contrario haríamos que nuestros ciudadanos fueran unos iletrados. -¿Qué consecuencias se derivan de ese divorcio? -Pues desde la subida en los índices de cáncer, que podrían curarse mejor gracias a la información, hasta la degradación del ecosistema. Unas consecuencias, en fin, desastrosas. -¿Cuál ha de ser el papel de los gobiernos? -Han de pedir a los profesores que informen a los ciudadanos sobre sus investigaciones. España no debería seguir el ejemplo de EE.UU., donde la investigación se deja guiar por intereses comerciales. No hay que criticar a la ciencia, sino el mal uso que se hace de ella en muchos países desarrollados. -¿Cómo romper esos vínculos? -Impidiendo, por ejemplo, que las empresas poderosas puedan hacer donaciones a las campañas políticas.