«Hacía falta mucho valor para ir a ver un partido al viejo Ángel Carro»

Antonio Ordás recuerda con agrado su etapa de jugador por las amistades que llegó a hacer


LUGO / la voz

«¿Después de 52 años, de dónde voy a ser?». Antonio Ordás llegó a Lugo en 1968. Los primeros pasos dados como futbolista en su Gijón natal tuvieron continuidad. Llegó a Galicia por el servicio militar, con destino en Ferrol. Su primer equipo fue el Calvo Sotelo de As Pontes (denominación de hace décadas de lo que luego sería el Endesa); pasó al Lugo, y en la ciudad amurallada no solo fue futbolista, con una trayectoria repartida en dos etapas, sino que acabó convertido en ciudadano y también, al dejar el césped, en jugador de fútbol sala cuando este deporte iniciaba su expansión.

-¿Pensaba, cuando empezaba la actividad deportiva, que el fútbol se convertiría en un modo de vida?

-Qué va. Te juntabas con los amigos, corrías, y eso era lo que importaba. Con una pelota jugábamos 20. Era el juego que había. No había una pelota para cada uno.

-¿Cuando se dio cuenta de que podía llegar a algo en el mundo del fútbol?

-Cuando me llamaron para la selección juvenil. Jugamos un partido en San Mamés, contra la selección vizcaína. Pensé ‘¿si pueden los demás, por qué no yo?'.

-¿Cuesta dejar la tierra de origen, cuando uno es aún joven, por una actividad como el fútbol?

-En una plantilla hay unas 20 personas. Hay gente que cada temporada viene y va... Al final, son todos compañeros y amigos. No cambia mucho con respecto a otros campos.

-¿Qué le queda al que juega al fútbol cuando le llega el momento de retirarse?

-Dejas muchos amigos. Pero además haces lo que te gusta, y con eso ya es bastante, porque trabajas a gusto.

-¿Cómo ve el fútbol alguien que ha sido futbolista?

-Piensas igual. Cambian las técnicas, las tácticas, la preparación física... Antes estábamos todos igual, ahora estamos todos igual. Si llueve, llueve para todos.

-¿Le gusta hoy el fútbol de la misma manera que le gustaba?

-Me sigue gustando y me gustaba. Una prueba de que me gustaba es que al dejarlo busqué un deporte para seguir jugando. Cuando empecé a jugar al fútbol sala, ese deporte estaba casi copado por antiguos futbolistas.

-¿Qué es, un antiguo jugador del Lugo o un forofo del equipo?

-No suelo ir al estadio, pero sigo al equipo por la televisión y por los periódicos.

-¿Merece la pena ser futbolista?

-Creo que sí [sonríe]. Hay que sacrificarse; hay que hacer cosas que en otros trabajos no te exigen; pero merece la pena.

-El fútbol son once contra once y gana el que marca más goles. Parece una obviedad, pero es una de las claves. ¿Es hoy igual el fútbol que en su época?

-Sí, aunque cambiaron algunas cosas. Antes, si llovía, un campo se embarraba, pero el partido se jugaba igual. Los viajes se hacían en autobús: kilómetros y kilómetros. Así había esa unión entre los jugadores, porque eran muchas horas de convivencia. Pero en el fondo sigue siendo igual: unos y otros tienen los mismos medios.

-¿Es Lugo una ciudad de fútbol o resulta muy poderosa la presencia que tiene el Breogán?

-El baloncesto tuvo su auge al construirse el pabellón cerrado. Antes, aquí, era raro que no nevase en invierno. Si tenías niños, preferías llevarlos a un sitio cerrado. La condiciones del campo de fútbol viejo no eran muy buenas: había una tribuna y poco más. Hacía falta mucho valor para ir a ver un partido al viejo Ángel Carro.

Comienzos en Gijón 

Antonio Ordás (Gijón, 1945) empezó a jugar en un club de su ciudad natal, el Atlántic. Jugó en el Real Oviedo, en el Sporting de Gijón, en el Calvo Sotelo de As Pontes, en el Lugo (en dos etapas) y en el Ourense. Practicó el fútbol sala en Lugo tras dejar el fútbol. Fue funcionario, está jubilado y vive en Lugo.

 «¿Cómo te vas a llevar mal con los compañeros con el tiempo que pasas con ellos?»

Ordás, tras haber sido futbolista y siendo aficionado, admite que le resultaría difícil convencer de lo bonito que puede ser el fútbol a quien no sintiese interés por este deporte: «Me gusta. Pero no se puede ir a la grada, porque siempre hay alguien al lado que se mete con los futbolistas. De todos modos, me gusta y lo veo», explica, Ordás jugó de defensa, y si se le pregunta cuál sería su preferencia en un partido Lugo-Spórting de Gijón, responde con claridad sin necesidad de mostrarse contundente: «Estuve más años en el Lugo, vivo en Lugo...», dice. Conserva algo de acento asturiano; pero en Gijón, afirma, le llaman gallego.

-¿Se llega a crear unión entre quienes comparten un vestuario?

-Sí. Un vestuario une mucho. ¿Cómo te vas a llevar mal con los compañeros con el tiempo que pasas con ellos? Yo tengo amigos en Pontevedra, en Mallorca... Hablo con ellos continuamente. Antes era diferente: siempre ibas con algún compañero, siempre había cuadrillas... Si tenías una lesión y te operaban, te acompañaban los compañeros.

Convencido de que la cantera local parece ir a más

Cuando a Ordás se le pregunta si la cantera futbolística de Lugo funciona, la respuesta es prudente pero más bien optimista: «Ahora parece que sí. Antes había un cierto pique, porque estaban el Milagrosa y el Lugo, que no se llevaban bien. Del Milagrosa salieron buenos jugadores: Tuto, José Luis, Moncho...», dice. Si se le pregunta si en Lugo se anima mucho al equipo, contesta: «Cuando las cosas van bien, pienso que sí; pero es algo generalizado».

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