La dulce madurez de Seoane

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

CDLUGO

ALBERTO LOPEZ

El mediocentro de Ames se ha consolidado como la pieza maestra que le da equilibrio al Lugo

19 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Como le sucede a los buenos vinos, Fernando Seoane (Ames, 1983) gana poso con el devenir de las temporadas. El mediocentro del Lugo se ha ganado a pulso la fama de pieza maestra del conjunto rojiblanco. Con una labor sorda y sin estridencias, casi siempre cumple sobre el césped. Su sacrificio incansable para dotar de equilibrio a los de la ciudad de la muralla genera reconocimiento no solo en el graderío y en los adversarios, sino también dentro del vestuario. Su compañero David Ferreiro proclamaba la semana pasada que el pivote es el integrante «más importante» de la plantilla. Asentado en el Ángel Carro, vive una dulce madurez.

El idilio de Fernando Seoane con el Lugo comenzó en la campaña 2008-2009, cuando recaló en el conjunto rojiblanco procedente del Écija. Al lado de Marcos Rodríguez, formó un binomio de muchos quilates en Segunda B. Hasta el punto de que el Nástic de Tarragona, entonces en la categoría de plata, se fijó en él y lo ató a mitad de curso. Su brega continua y la capacidad para robar balones fue un bien apreciado por un conjunto catalán que adolecía de las dosis adecuadas de sacrificio en la parcela ancha. Llegó a la categoría de profesional para quedarse.

Pese a que eligió hacer las maletas, se llevó al Lugo en el corazón. Volvió al Ángel Carro en las dos fases de ascenso de 2011 y 2012 para sufrir al lado de los que fueran sus compañeros. Y una vez certificado el regreso a Segunda División, pocos dudaban de que Seoane se convertiría en hijo pródigo.

Dicho y hecho. Al lado de Carlos Pita, su socio inseparable en ligas recientes, asumió el timón del conjunto rojiblanco. Ni Quique Setién ni Luis Milla, los dos técnicos que le han tenido a sus órdenes en la ciudad de la muralla las últimas temporadas, han querido prescindir de su figura en el centro del campo.

Durante estas cuatro temporadas en el Lugo, jamás ha sido reserva. Únicamente las lesiones y las sanciones le apartaron del once titular rojiblanco. Su última suplencia se remonta a enero de 2012, cuando vestía la camiseta del Nástic.

Generoso

Infatigable en las coberturas, Seoane realiza un gran despliegue físico en cada encuentro. Posee instinto y determinación para rebañar balones. Jamás se entrega cuando se trata de cubrirle las espaldas a un compañero. Y, con el paso de las campañas, ha mejorado su relación con la pelota.

A pesar de que el de Ames podría ser considerado como un virtuoso de las labores de destrucción, también es capaz de distribuir el juego. En ese cometido, prefiere la sencillez. No le gusta arriesgar. Y, como dato curioso, la pasada temporada fue el futbolista que más pases dio de la categoría de plata.

Lolo Pavón, central que compartió vestuario con Seoane durante tres campañas, también elogia las virtudes del de Ames: «Le da un gran equilibrio al equipo. Recupera muchos balones y siempre juega al primer toque. Además, le da buena salida a la pelota».

El pasado fin de semana, ante la Ponferradina, el Lugo no pudo contar con Seoane por sanción. Los rojiblancos cuajaron uno de los mejores partidos de la temporada, con victoria por 3-1. No obstante, Luis Milla, técnico de los del Ángel Carro, tiene claro que «el problema es no tener» al futbolista de Ames en disposición de participar. Una caricia del que fuera un gran mediocentro hacia un jugador honrado al que casi todos los entrenadores les gustaría tener en su equipo.

A sus 32 años, Seoane mantiene una cotización al alza. Es un jugador de otro tiempo, con un espíritu colectivo que se vuelve cada vez más escaso en un deporte marcado por las excentricidades y los egos.