La mina del sacrificio

Carlos Melchor AL OTRO LADO

CDLUGO

03 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En una Liga en la que los nombres, el palmarés o la historia no valen absolutamente para nada, el empate arrancado sobre la bocina por el Real Valladolid en el Ángel Carro sabe a poco. Diezmado, con muchas bajas e instalado en una marejada de resultados negativos, el equipo pucelano parecía una víctima propicia para que el Lugo reivindicase la fortaleza de su feudo. Con el marcador a favor y jugando contra uno menos, muchos contabilizamos los tres puntos en la tabla clasificatoria antes de tiempo. Cerrar los partidos es una asignatura pendiente y más aun en situación numérica favorable. La exigencia se mide en este tipo de detalles: las oportunidades no se pueden dejar pasar.

Alcorcón, bestia negra de los lucenses, una Ponferradina en forma y un impredecible Bilbao Athletic. Este es el menú hasta el parón navideño. Echar cuentas es casi ridículo, pero con cuatro puntos más, se igualarían los 26 que suponen la mejor marca rojiblanca de siempre en este tramo liguero. Mientras algunos prefieren apuntar el mérito a que la floristería está funcionando a pleno rendimiento, uno es de los que piensa que el puro azar solo influye en momentos puntuales, y a la larga, la leyenda del golf Gary Player tenía razón cuando decía que cuánto más entrenaba, más suerte tenía.

A Jonathan Pereira no sabemos si es fortuna, pero le falta algo. Otro nombre más, como muchos otros, que todavía no desequilibra por sí solo. Nadie podrá poner un pero a su entrega y a su trabajo denodado en la presión para dificultar la salida del balón del rival, pero tirado en la banda, aun con libertad de movimientos, no parece que sea el lugar donde pueda hacer más daño. Impreciso con el balón en los pies y falto de esa magia que tanto le vimos durante su carrera, su primer tercio de campeonato ha sido decepcionante. Lo peor de todo es que no parece que haya un puesto en el que encaje mejor dentro del engranaje táctico de Luis Milla y eso pesa en la frustración y ansiedad que demuestra por momentos. No hay otra que el nombre siga despojado del esmoquin y continúe picando piedra con el mono de trabajo como uniforme. La suerte suele llegar a base de pico y pala.