Contaba un amigo a la salida del partido del pasado fin de semana contra el Tenerife que tenía una sensación agridulce por el ambiente cargado que percibió en el Ángel Carro, a pesar de que el Lugo liderara el marcador casi todo el partido. Lo decía desde el punto de vista del que apenas ha bajado al campo un par de veces en el último lustro, ajeno a las refriegas institucionales y a las facturas que se pasan unos y otros poniendo al equipo como parapeto. Disfrutando de su carné de socio simpatizante, le sonaba extraño que hubiera pitos en el primer tercio del encuentro, con resultado a favor y una posición cómoda en la tabla clasificatoria al poco de haber empezado la Liga. No podía entender como algunos a estas alturas se sentían tan quejosos con lo que tenemos entre manos. Es una larga historia, fue lo único que pude decir.
Si los pitidos y el runrún son el ruido de fondo en un sector minoritario en una situación desahogada, cómo será cuando vengan mal dadas de verdad. Porque seguro que vendrán tiempos duros, rachas de más de media docena de partidos sin ganar, como bien se pudo comprobar con otros protagonistas al mando. La Segunda es una categoría muy complicada, para todos. Sin excepción. Las fuerzas están muy igualadas y apenas hay comparsas a las que ganar fácil. Son tópicos, sí, repetidos como un mantra, pero es lo que hay.
¿Qué se valora más, la primera parte errática en la que se estuvo por momentos a merced del Tenerife, o la segunda mitad, en la que se anuló por completo a los canarios con buen juego? Cada uno hará su juicio. En esta atmósfera en la que parece que poco se hace bien, los logros quedan oscurecidos y se difuminan casi por completo. Eso sí, el equipo tiene que seguir evolucionando, y en Girona tiene una nueva cita para lograrlo. Se tiene y se debe jugar mucho mejor como visitante, asignatura muy pendiente, para que los partidos de casa no se conviertan en una suerte de continuo examen final. Desde luego que no es el mejor lugar para lograrlo, pero mostrar carácter y tener personalidad son virtudes que suman puntos y dan empaque al colectivo. Y demostrarlo es un punto de partida.