La entereza de la claridad

Carlos Melchor AL OTRO LADO

CDLUGO

Con pico y pala. Así se están forjando las victorias del Lugo esta temporada. Noventa minutos de denodado esfuerzo, agónico despliegue físico y trabajo cooperativo en todas las parcelas del campo. Con menos brillo del deseado, pero siempre dando la cara y compitiendo. Competir, palabra clave en una liga tan igualada como esta. Ni hay equipo al que se le gane fácil, ni una plantilla que deslumbre por su evidente superioridad. Sumar puntos es casi un parto.

El domingo contra el Alavés no fue una excepción. Se sufrió, y mucho, para mantener el liderato en el marcador. Fue un encuentro extraño. Una primera parte notable, contra un equipo que quiso el balón más de lo esperado, y dos precisas combinaciones colectivas desde atrás que provocaron un magnífico gol de Caballero y el balón al palo de Pereira. Tras un inicio titubeante en defensa, el tanto serenó a los de Milla, y les dio la confianza que a veces se echa en falta. Fueron unos minutos satisfactorios, amarrando con acierto a los atacantes visitantes y generando acciones peligrosas en el área rival.

Sorprendentemente, la segunda parte fue lo opuesto. El Lugo fue un juguete en manos del Alavés. Perdió el control en el medio campo, apenas jugó el balón con criterio y se pasó todo ese tiempo achicando vías de agua a la desesperada. Con la entrada de Pita después del descanso, uno podría pensar que la posesión quedaría asegurada, pero el resultado fue el contrario. Dealbert se erigió como líder y firmó una soberbia actuación atrás. Son preocupantes estos largos períodos de ausencia en los que queda demasiado expuesto ante el rival. Falta compenetración entre los actores que protagonizan la medular rojiblanca. Mucha gente por dentro, roles poco definidos y sensación de que a veces se estorban al tener perfiles tan similares. Esa falta de frescura ofensiva es suplida con un gran despliegue defensivo colectivo, con múltiples ayudas y rápidos repliegues, que hacen del conjunto rojiblanco un equipo rocoso y difícil de doblegar. Los caminos del fútbol son infinitos, pero el Lugo tiene clara cuál es su hoja de ruta, a falta de atar muchos cabos en los detalles. Con pico y pala, pero sabe muy bien a qué quiere jugar.