Un segundo es suficiente para tirar por la borda el excelente trabajo de 40 minutos. Esa máxima se puede interpretar como injusta, pero en fútbol es demoledora. Había bajado el pistón el Lugo, y su repliegue postrero del primer tiempo fue decisivo. Darle metros a estos talentos futuros azulgrana no es aconsejable. Si, además, se suma al funeral el regalo de Dani Mallo en un balón atajable y se lo dejas muerto a Sandro... Pues ya sabes la respuesta: gol. El 1 a 1 y a la ducha fría del descanso. Antes, debut feliz de Israel Puerto y gol del mismo para abrir el marcador en otro balón decisivo servido por el inevitable Iriome. Setién sacó de inicio a Caballero para cazar algún balón aéreo, y no anduvo lejos el argentino para firmar algún centro. Pero anda lento de movimientos y le falta la velocidad para anticiparse.
Sin embargo, de nuevo la maldición de las lesiones cobró color rojiblanco. Y el dueño de las llaves de seguridad del centro del campo lucense, Fernando Seoane, se fue a la ducha con un hombro maltrecho. Peña le sustituyó, al tiempo que Pita bajó a central diestro para sustituir al debutante Israel, preso de los calambres. El Barça B se fue arriba y Cámara volvió a mostrar que no era el día de Dani Mallo con un disparo raso ajustado al poste. ¿Parable? Me queda la duda. De nuevo el Lugo se subió a la épica para remontar con una pegada inédita arriba, con el estreno del juego de cabeza de Caballero, y el oportunismo de Luis Fernández para los minutos finales. ¿No había gol, o estaba por descubrir? Mientras algunos quieren torpedear al club, otros muestran el camino del éxito, desde dentro y desde fuera del terreno. Todos los conocemos, porque aquí nos conocemos todos