Si el Lugo tiene una seña de identidad en la era moderna, esa está encarnada en la pareja que ha gobernado con mano de hierro y guante de seda desde la medular. La dupla formada por Carlos Pita y Fernando Seoane es la «marca Lugo» por antonomasia, dos fijos en el once inicial desde ni se sabe cuándo, y, por encima de todo, el motor que mueve la maquinaria setieniana. Ambos ejercen como termómetro sobre el campo. Cuando están en plenitud, el rendimiento del equipo sube exponencialmente, el balón se mueve a una velocidad de vértigo y el equilibrio ataque-defensa es perfecto. Por contra, cuando algo falla en este dúo, el Lugo es menos Lugo.
Muchos se preguntan qué pasa últimamente con Pita. Se echa de menos la precisión quirúrgica de sus pases, el despliegue físico brutal que lo multiplicaba sobre el campo o incluso sus atrevimientos ofensivos con su buen tiro desde la media distancia. Carlos Pita era un jugador total, el pilar sobre el que se asentaba el juego lucense en compañía de su camarada de Ames. Con la compenetración de un matrimonio que lleva toda la vida juntos, movían al equipo cómo y cuándo querían. Lamentablemente, eso es cosa del pasado. El centrocampista coruñés de 30 años no pasa por su mejor momento, quizás afectado por los repetidos problemas físicos que le impiden entrenarse en plenitud durante los últimos meses. Una pubalgia a finales de 2013 y problemas óseos crónicos en uno de sus pies podrían ser la causa de su bajón. Fallón con el balón en los pies, desorientado sobre el campo y aparentemente con falta de fuelle físico son los síntomas que lo sitúan lejos de su mejor versión.
Habrá alguno que piense que ya ha jugado los 20 mejores partidos de su carrera. Podría ser, nada es eterno. Pero los devotos de su talento nos resistimos a creerlo. Nunca ha sufrido competencia real por su puesto en el once y esta temporada, con la llegada de Pelayo, tampoco lo parece. Con la baja por lesión del asturiano, ¿habría que considerar la llegada de un fichaje de garantías para la medular? Veremos qué nos depara el mercado de invierno. Mientras tanto, los pitistas, esperamos que vuelva.