El tobogán de los horrores

Carlos Melchor

CDLUGO

22 dic 2014 . Actualizado a las 10:19 h.

Tratar de escribir algo coherente sobre la verbena de Los Pajaritos es poco menos que imposible. Qué decir sobre un partido en el que hay 10 goles en una segunda parte que pasará a la historia de los horrores del futbol. Error tras error, el marcador cambiaba a una velocidad propia del parqué de la bolsa neoyorquina de Wall Street. En un fútbol profesionalizado en el que se trata de minimizar la producción de errores, fue necesario frotarse los ojos para evitar pensar que se estaba ante un partido de la liga de Vanuatu o de cualquier otra minúscula isla del Pacífico Sur.

El Lugo ha pasado a la historia del fútbol mundial por ser capaz de meter 6 goles fuera de casa y no hacerse con la victoria. ¿Que se ha obtenido un punto? Desde luego. ¿Que sabe a derrota dolorosa? Mucho más que eso. Perder una renta de tres goles en los últimos siete minutos suena a broma pesada y a ridículo espantoso. Y nadie tiene la culpa. La actuación de la novedosa pareja de centrales compuesta por Jon García y Víctor Marco fue esperpéntica y ambos laterales hicieron más aguas que el Titanic en el momento de hundirse. El resto del equipo no apretó el balón como debiera, bajó los brazos y se confió. ¿Pero culpar a unos más que a otros de este horror? No tiene sentido. Una cosa está clara: el Lugo sigue sin saber jugar con oficio para matar los partidos, meterles cloroformo, y si hace falta, pinchar la pelota para zanjar el encuentro. Seguimos repartiendo tiques para entrar gratis al parque de atracciones y ser a la vez mono de feria, mujer barbuda y ternero de tres cabezas. Revisando la pesadilla numantina, tras el sexto a favor del Lugo se escucha en la grada un «¡Anquela vete ya¡», curioso y ridículo cuando los de Soria están protagonizando una de las mejores rachas de la competición. A esa misma hora, en la ciudad amurallada, se pedía una capilla en la catedral a nombre de san Iago Díaz, y Setién era el inventor de la alquimia moderna. Tan solo 15 minutos después, algo sobrenatural sucedió. Tratar de buscar lógica al evento futbolístico más irracional y extraño que probablemente hayan visto nuestros ojos es una pérdida de tiempo. Habrá que seguir remando. Todos juntos.