Dos pírricos puntos conseguidos sobre los últimos 21 disputados. Estas son las cifras que han encendido todas las alarmas la afición lucense. Y lo que es peor, la sensación de que los errores cometidos se repiten constantemente en forma de bucle sin fin sin que haya el menor rastro de subsanación de los mismos. Ya nadie se acuerda de las buenas sensaciones que dejó una primera parte que fue de lo mejor que se le pudo ver al Lugo en los dos últimos meses, llena de verticalidad y dinamismo con el balón, gran rigor defensivo sin ceder apenas ocasiones al Mirandés y una posesión monopolizada, como de costumbre, pero en zonas de mucho mayor peligro. Esa misma posesión es la que se categoriza como indispensable cuando se gana y poco más que ridícula e inútil cuando se pierde. Cosas del resultadismo. Todo lo bueno realizado en 45 minutos se truncó con un nuevo gol encajado a balón parado que aceleró el cabreo de los que estábamos detrás de la televisión. Esa misma película ya fue vista anteriormente. Aunque nada como añadirle a todo esto una pizca de extremismo y dramatismo típicamente lucense para que ya en el mes de enero parezca que se ha ganado plaza en las oposiciones al descenso de categoría. Quizás seria bueno refrescar la memoria y recordar que el Lugo de Setién se ha caracterizado estos 5 años por protagonizar rachas espantosas de resultados seguidas de etapas increíblemente positivas. El debate y la contrariedad en la grada se avivan proporcionalmente con los tropiezos del equipo. Ya pocos se acuerdan que la actual posición era la realidad que tocaba afrontar al inicio de campeonato. Toca atarse los machos y convivir con el sufrimiento, tanto en la grada como en el terreno de juego. Una cuesta de enero de manual.