Cual serie consecutiva de etapas alpinas del Tour, el Lugo afrontará durante las tres próximas jornadas enfrentamientos contra los equipos vecinos. Un tríptico norteño en toda regla. Ponferradina, Sporting y Deportivo serán una nueva piedra de toque para medir el potencial del equipo una vez superado el primer tercio del campeonato. Pero más allá de la importancia clasificatoria, estas citas generan en el aficionado un atractivo extra. Desplazamientos masivos a ciudades cercanas. Jornadas de ambiente festivo. Rivalidades deportivas con una pizca de pimienta dentro de la cancha. Visita a estadios míticos de la escena futbolística nacional enfundado en la camiseta rojiblanca. Y, sobre todo, hacer un ejercicio de lucensismo puro y duro.
En Ponferrada, lugar en el que apenas hace 10 meses quizás se produjo el desplazamiento más multitudinario en la historia del club, esperan con ganas al Lugo después del supuestamente fallido Pacto de los Ancares, que llevó a los bercianos la temporada pasada a quedarse sin play off de ascenso por su derrota en la última jornada. La mareona gijonesa es la primera afición que acudirá en masa este año futbolístico al estadio rojiblanco en la matinal del domingo 24, horario que generará sin duda una gran beneficio económico en la a veces escéptica y cortoplacista hostelería local. Un animado ambiente en la ciudad está del todo asegurado. Pero sin duda, la fecha marcada en rojo es la del primer fin de semana de diciembre. Riazor espera. Un encuentro que provoca una sensación difícilmente explicable en el aficionado lucense. Trueques de entradas entre clubes o no mediante, será una fecha para recordar.
Aunque hay otros pasajes y momentos difícilmente olvidables. Como el del alcalde Orozco afirmando en el mes de septiembre que las máquinas de las obras del campo de O Ceao llegarían ese mismo final de mes. Por lo visto, les está costando llegar más de la cuenta. Burocracia.