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Millán Gómez

DEPORTES

04 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los jugadores mostraban el deseo común de dar carpetazo a la temporada con un buen sabor de boca. La sociedad apenas tiene memoria y la notable temporada rojiblanca corría el riesgo de diluirse en parte tras siete partidos sin ganar. Dos victorias consecutivas permiten enfocar la jornada de clausura con el aliciente de subir posiciones, introducirse en el top 10 y mejorar estadísticas sectoriales. Es la semana definitiva, aquella que determina en qué posición quedará reflejado el mejor Lugo de la historia. Hace apenas dos semanas, los lucenses eran decimosextos, ora undécimos. Setién concedió oportunidades y los rojiblancos vencieron donde no fueron capaces hace dos años cuando fueron campeones de Segunda B (3-0). Un extraordinario Yoel desbarató las opciones del Guadalajara, más y mejores, especialmente un uno para uno ante Juanjo. La presión arriba de los manchegos dificultó la salida. El Lugo apenas impuso su juego asociativo y de posesión. En los primeros compases, los rojiblancos rindieron en su principal escollo: el juego aéreo defensivo. Los laterales no estuvieron tan punzantes como habitúan. Javi Rey cumplió, pese a que en ocasiones actúa con excesivo ritmo. Óscar Díaz bajó a recibir y trazar paredes en busca de la creación, mientras que Airam descongestionaba hacia las bandas. El esfuerzo de Tonetto tuvo su recompensa. Paradójico que cuando el Guadalajara fue quien más arriba achicó, el Lugo obtuvo el tanto decisivo gracias al esfuerzo en ese aspecto. El argentino fue trascendental a balón parado en el primer tramo de campeonato como asistente y copartícipe de goles. El fútbol le devolvió el error ante el Villarreal. El círculo se cerró. El sábado, a ganar y celebrar. Los éxitos, de existir, son la excepción.