De la mano de Quique Setién, el Lugo ha pasado de luchar entre la clase media de Segunda B a consolidarse en la categoría de plata. Inquiridos por la continuidad la próxima campaña, algunos futbolistas rojiblancos afirmaron sin tapujos que el preparador cántabro le da sentido a todo.
Más allá de los logros cosechados sobre el césped, hay imágenes de las cuatro anteriores campañas que pueden explicar la simbiosis entre Setién y la afición. Después de decir adiós al ascenso ante el Alcoyano hace dos años, el entrenador vertía lágrimas a hombros de seguidores que corearon su nombre durante minutos. A unos metros de él, David Porras, preparador de los levantinos, apenas podía contener el aliento ante la estampa que estaba presenciando. Su equipo estaba en Segunda, pero llegó en estado de shock a la sala de prensa tras el encuentro por la escena que, emocionado, había contemplado.
Un año después, llegó el desquite. Miles de lucenses se echaron a la calle para festejar el segundo ascenso de los rojiblancos a la categoría de plata.
Presente
Y el sueño continúa vivo. Asegurada la permanencia, la unión de técnico y afición parece intacta. Setién se siente querido, como le expresó a Lluis Carreras tras la victoria sobre el Sabadell del pasado domingo. Y la mayor parte de la grada lo ve como el argumento que puede hacer realidad sus delirios de grandeza.