Milagro y realidad

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

22 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Ahora mismo, el gran reto de Quique Setién, como técnico rojiblanco, es reinventar, entre sus jugadores supervivientes al desastre de las bajas, un equipo capaz de competir al mejor nivel posible para enfrentarse a un calendario implacable. Incluso capaz de parecerse en algo al equipo que un mes atrás competía a un nivel dignísimo en una categoría de la máxima exigencia. Sopesando objetivamente la situación deportiva actual, casi podríamos hablar de milagro si el Lugo es capaz de reivindicar su pasado reciente. Por supuesto que vergüenza deportiva y profesional no les va a faltar a ninguno de los once supervivientes que salten mañana al Ángel Carro para enfrentarse al decano del fútbol español, el Recreativo de Huelva. Faltaría más. Pero observemos por orden de participación fallida a dos jugadores básicos e imprescindibles, que conforman la sala de máquinas del equipo: los dos mediocentros titulares, Pita y Seoane. Carecen de sustitutos de garantías, con todos los respetos para los mismos. Forman la pareja ideal para dotar de equilibrio al sistema. Cualquier probatura, con inclusión de hombres de atrás (Belfortti o Tena) o de arriba (Héctor Font), no dejarían de ser una solución de emergencia. Que es a la que Setién se va a agarrar como clavo ardiendo. No tiene más alternativas, aunque varíe el propio dibujo táctico para caer en un 1-4-1-4-1, en esta situación bajo mínimos marcada por las bajas.

Y luego existe otro problema que redunda en la misma dirección negativa: varios de los posibles actores de mañana, casos de Pablo Álvarez, si llega a tiempo, o el mismo Rubén Durán, todavía más lejos de reaparecer, saldrían muy mermados. Y los que salgan, tendrán que hacerlo al cien por cien como mínimo. Porque enfrente estará un equipo en alza, cuyo objetivo es la promoción de ascenso. Por eso, Setién cuenta con muchísimas limitaciones para montar un once de garantías. Aunque duela reconocerlo. Al Lugo, pues, le quedará el recurso de la lucha y la entrega sin cuartel, apoyado por su incondicional afición, para aspirar al milagro. Eso, sí, sin complejos.