Antonio Guayre disputó el pasado domingo sus primeros minutos con la camiseta del Lugo. Entró en el 84 del partido contra el Huesca, y jugó hasta el final. Puso fin a una espera que se prolongaba desde su llegada al club, anunciada como a prueba, a comienzos de noviembre. «Me tocó jugar un rato», dice con pausa. El equipo cuenta con su experiencia, su olfato goleador, para defender el bien común con la meta inmediata de la permanencia.
Poco tiempo formó sobre el campo, tanto, que apenas le sirvió para encontrar sensaciones. «Poca cosa. El partido estaba como estaba. La idea es probarme», repasa. Recobrar el pulso competitivo, oculto tras una prolongada ausencia de las canchas.
Olvidados buena parte de los problemas físicos que le impidieron dar primero el paso, su comparecencia llega en un momento en el que el equipo se encuentra sacudido por las ausencias. «Yo quiero ayudar -dice-. En el estado que pueda, intentando que sea sin molestias».
Condicionado por el césped
Su participación ha estado condicionada por los entrenamientos que el equipo debe hacer en superficie sintética. Como prevención, no puede completarlos todos con el grupo. «Pero lo tengo asumido. Me adapto al trabajo, pero el clima no ayuda», asiente. Un perjudicial uso continuo del césped artificial en la lluviosa Galicia, «pero es que últimamente está cayendo demasiada agua», matiza.
Su aportación llegará por las parcelas ofensivas, tanto por banda, como arriba. No cree que Setién pueda probarlo en el eje, y se excusa: «Mira que en todos mis años en jugado en muchos sitios en el campo, pero de mediocentro, nunca».
Pero cualquier ayuda es poca, y lo ratifica: «Porque el equipo está ahora como está con el tema de las bajas, pero lo sigo viendo bien en lo anímico. Nos están metiendo goles rápido, pero nosotros también creamos ocasiones. Sabíamos que iba a ser complicado, y en las segundas vueltas, en esta categoría, todo se aprieta, son mucho más apuradas».