Los aficionados rojiblancos llenaron de colorido la capital berciana
14 ene 2013 . Actualizado a las 13:09 h.Hermanamiento. Esa es la palabra que define lo que se vio y se vivió ayer en Ponferrada. La afición del Lugo se desplazó de forma masiva: más de 1.500 hinchas se dejaron ver por la capital berciana. Ellos, junto a los locales, hicieron gala de compañerismo y disfrute sano del fútbol. Un hermanamiento facilitado también por los actos organizados, con una importante carga de solidaridad. Y que se empezó a vivir en las horas previas a la llegada a El Toralín.
La afición rojiblanca se dividió en tres: la que hizo noche, la que decidió pasar el día en el Bierzo con tiempo y los que decidieron comer en sus casas y dirigirse después a Ponferrada. Todos, eso sí, antes de que se abrieran las puertas del estadio ya estaban allí. Por un momento, fueron mayoría, hasta que la hinchada local, con más calma, retomó posiciones.
El lleno estuvo garantizado. Unas gradas sin apenas asientos vacíos en los que ambas hinchadas se aprestaron a disfrutar con el juego que les ofrecieron ambas escuadras.
Cánticos continuos
Cuando salió el Lugo a calentar, la esquina del coliseo berciano donde se situó el grueso de la torcida visitante hizo notar su presencia con sus sonoros cánticos. Por un segundo, convirtieron El Toralín en un pequeño Ángel Carro. «¡Lugo!», «¡Quique Setién!», o «¡José Manuel (por Manu)!», fueron las consignas más repetidas.
Y cuando el marcador se ponía a su favor, llegaron a acallar con sus gritos a los de una expectante parroquia local. «¡Qué bote el Ángel Carro!», llegaron a corear en varias ocasiones, banderolas y bufandas al viento. Aunque al final, la espera por mantener el resultado también se les haría eterna, a la espera del estallido que se produjo cuando el colegiado dio el tercer pitido consecutivo.
Una explosión de alegría como pocas recorrió desde el banquillo rojiblanco hasta la esquina donde estaban sus hinchas. Y hasta allí se dirigió el equipo, a festejarr con ellos. La comunidad se selló con un último grito de los aficionados lucenses, mientras, de golpe, se apagaban las luces de El Toralín: «¡Deportiva, Deportiva!».
Crónica más de 1.500 seguidores lucenses en Ponferrada