El reto de la permanencia pasa por aferrarse a la condición de local. Así han llegado dos victorias consecutivas que permiten aligerar la potencial ansiedad por no puntuar como visitante desde Gijón. La hemeroteca recuerda a los lucenses que son quien de alcanzar rentas positivas a domicilio. Modulando ciertas cuestiones (contundencia en ambas áreas), pero con la hoja de ruta de la personalidad, el toque y el dominio a través de la pelota como denominadores comunes. Se mantiene la tónica de la falta definición, que es latente por la notable producción de jugadas de gol, no tanto cuantitativamente. Óscar Díaz, pese a ser uno de los últimos en llegar en el mercado estival y no contar de primeras en el once titular, muestra su versatilidad y su adaptación a la posición de nueve en esta época del tan manido debate de «nueve falso o mentiroso». De hecho, su potente obra convirtió en una anécdota subsanable el error clamoroso del tanto del Murcia. La categoría castiga este tipo de acciones. El próximo objetivo es un Racing, con sus consabidos problemas institucionales (ergo económicos) que no acepta la paciencia como virtud. No consigue enlazar más de dos resultados positivos y llega tras tres partidos sin ganar con la tarjeta de visita de su fiabilidad defensiva mostrada en la Copa y también en la Liga (solo siete goles encajados, la mitad que los lucenses). No hubo miedo escénico en Gijón, no debe haberlo tampoco en un estadio donde ayer (en términos futbolísticos) habitaba un club que superaba cómodamente la línea roja de los tres peores equipos de Primera. Una hoja del historial a cubrir. He ahí el cercano desafío.