La progresión paulatina del Lugo puede hacernos perder cierta perspectiva. Acontece cuando los retos se alcanzan con prontitud. Tras tres jornadas, el equipo está en una posición notable, pero las sensaciones sabatinas fueron superiores al resultado. La superioridad adelantó al Lugo, pero no certificó la victoria. La segunda mitad, llena de parones, fue relativamente similar. El primer disparo a puerta rival, gol. Y así a todo, Yoel detuvo, con la personalidad ya mostrada en el Celta, el posible 1-2 en las postrimerías. Las sensaciones son espléndidas. Es complicado recibir un apoyo en media hora como el de David de Coz, atento en la marca y al corte. Fernando Seoane, con su trabajo a destajo, aporta el empaque necesario. El balón parado ya es una costumbre útil al que se le añade la clase de Tonetto y un Fran Pérez que ayuda por alto. Quiroga, pese a sus defectos, propone una alternativa siempre en ataque y pelea continua para la llegada de los trescuartistas. La entrada de Galindo no tuvo consecuencias, pero sí permitió mostrar la polivalencia de Óscar Díaz y Héctor Font. Díaz se confirma como, cuanto menos, el jugador número doce. Deleita con regates (quizás peque en el exceso), aperturas y verticalidad. Permutó a la izquierda al entrar boliviano Galindo. Al igual que Pablo Álvarez, se entiende con insultante facilidad con Font, el piloto ofensivo de un invicto Lugo que echa en falta el difícil segundo gol de los humildes.