No, no les hablo de Mou...riño. Les hablo de Mou...riz. A ambos puede unirles su ego. A ambos les separan las formas. Entre el histrionismo patológico del portugués y la locuacidad del lucense media un abismo. En medio, un afán común de mando. A Mouriz y al Lugo no les ha ido nada mal. Es más, del doble salto mortal de Tercera a Segunda A hay un protagonismo casi exclusivo del director deportivo en la toma unitaria de decisiones. De altas y bajas, siempre discutibles y nunca unánimes. Pero los resultados le dan la razón. Y siempre moviéndose en el filo de la navaja. De una temporada a otra apenas quedan supervivientes. Las barridas son comunes y sorprendentes, y el protagonista las define como algo consustancial con el cargo, porque para él no existe más deber que su implicación empresarial con el club. Consensúa con el técnico, en este caso Setién, las decisiones, y no le tiembla el pulso. El salto a Segunda A ya ha dejado constancia de que la historia se repite. Pocos serán los jugadores del ascenso que continúen, y solo unos pocos de los elegidos se debaten entre varias ofertas de Segunda para decidirse a seguir o emigrar. Me sorprendió, no obstante, que no se contase con Belencoso, el más carismático jugador de la temporada. Por todo: entrega, esfuerzo, versatilidad para defender y atacar, y remate traducido en quince goles y tres decisivos para el ascenso. Muy seguro tiene que estar Mouriz de encontrarle un sustituto. ¿Lo tendrá? Porque se supone que cualquier baja ha de ser compensada con un sustituto mejor. Si fuese Jota, por ejemplo, no estaría mal. Lo mismo sucedería con Ferreiro del Cádiz para hacer olvidar a Quero, otro de los héroes del ascenso. Pero el fútbol no es pasado, sino presente. Que es como se gana el futuro. Démosle tiempo al menos al gestor de la nueva plantilla.