El fútbol no conoce de colores ni de actores. Solo de resultados. Y estos llegan por una única vía: prestaciones. Para lograr objetivos hay una escala de valores futbolísticos. El Lugo está en una auténtica encrucijada. A partir de ahora ya tiene agotado el crédito de puntos que le mantenían en la zona de privilegio. Pero llegó el no va más de ese colchón rentista que le mantenía entre los mejores, incluido el liderazgo. La única causa es la infrecuencia de las victorias, porque sus prestaciones de la primera parte de la Liga han bajado muchos enteros. Ni su juego ni su estado físico gozan de un buen momento. Setién lo sabe y alude a su esperanza de mejoría. Las urgencias ya se han instalado. O se ponen las pilas ya, o se verán afectados por el desahucio de sus perseguidores. El último ejemplo lo vivimos el domingo, donde incluso un sector importante de socios desertaron de una cita obligada ante el Oviedo. La fidelidad hay que demostrarla, al menos, en las grandes ocasiones. Por eso, los 2.000 ovetenses presentes casi eclipsaron la competencia sonora en las gradas, pese al plausible esfuerzo de los lucenses asistentes. Como plausible fue el esfuerzo titánico de los jugadores rojiblancos para remontar por dos veces la adversidad. Resultó insuficiente para ganar. Fue una de las pocas veces que Setién se vio sometido al dictado del rival, que acorraló y llevó a su terreno el partido. Por eso, los lucenses tienen que incrementar sus prestaciones. Nadie duda de que tienen margen de mejora. Pero acusan el irregular rendimiento de varios jugadores llamados a marcar diferencias. Cuando el calendario se angosta, hay que ganar. Luanco no es la mejor plaza, por campo y rival, pero toca el Marino.