Quique, en un jardín

Murillo

CDLUGO

27 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Menuda la polvareda que se ha levantado en el fútbol nacional por las declaraciones de Quique Setién, entrenador del Lugo, y la consiguiente réplica de la directiva del Rácing de Santander. En el primer caso, el entrenador cántabro tildaba a los dirigentes del equipo racinguista de «no tener idea de fútbol y de ser gente sin escrúpulos». A la gravedad de estas afirmaciones, respondió con mayor contundencia Pernía y su gente, en una amplia nota oficial, durísima, en la que pone en entredicho la formalidad y honestidad de Setién, tanto en su vida de jugador y como en la actual de entrenador, hasta el punto de acusarle de que «solo le importa el color verde del dinero». Creo que ambas partes se han excedido en sus afirmaciones, pero conviene puntualizar algunos conceptos sobre la vida y la valía como técnico de Setién en esta etapa de entrenador de Lugo. Solo desde esta óptica temporal, uno puede emitir un juicio objetivo y veraz. Es el que conozco y, por eso, opino. Lo otro, ni lo viví ni lo conozco en profundidad.

Desde que hace dos años y medio Quique Setién aterrizó en o Anxo Carro, el Lugo conoció una de las etapas más brillantes de su escuálido historial exitoso. Hasta el punto de haber estado a las puertas de un ascenso directo a Segunda en dos finalísimas disputadas en las riberas del Miño, ambas perdidas ante Murcia y Alcoyano. Para llegar a ellas, el equipo rojiblanco obtuvo el título de campeón en esta categoría de bronce por vez primera en su historia. En la actual temporada, el equipo lucense también ostenta la primera plaza de forma destacada, y mejora, incluso, los registros de la pasada hasta la fecha. Todo ello, aderezado de un fútbol ofensivo insólito en Segunda B, que enamora y asombra en todos los ámbitos del fútbol nacional. Hasta el punto, que hay una explosión masiva inédita de aficionados en o Anxo Carro. Se han batido récords de asistencia. Y si esa capacidad como técnico ha quedado más que contrastada, su pretendido materialismo ha sufrido el más enérgico mentís al aceptar la dirección más modesta económica y deportiva posible. Quique se ha metido en un jardín, sí, pero su honestidad, sinceridad y capacidad le avalan desde Lugo. Otros, como Pernía, confesaron en su día no haber asistido jamás a un partido de fútbol. Y pontifican sobre el mismo.