Nos falta un hervor

Murillo

CDLUGO

La noche tenía más de agosteña que de vísperas otoñales. El Anxo Carro rugió con otro lleno, y las cinco mil gargantas recibían con singular jolgorio el bautismal debut de una versión de selección futbolística nacional (la segunda, por orden de caché) en las riberas de o Miño. Tan singular escenario respondía con creces a las exigencias de un evento de esta índole. Hasta Manolo el del Bombo besaba con devoción papal su nueva tierra de promisión. Para un partido de provincias, como dirían los de la capital, no estaba nada mal. Los goles de Canales, además, ponían el acento al romanticismo de las quinceañeras, que atiborraron los accesos a los vestuarios antes y tras el partido.

Y, de nuevo, la afición lucense ha demostrado al país futbolístico, que este tsunami ya no es casual. Sí causal, porque Lugo vibra con su equipo, y esas sensaciones nacidas de una temporada casi inmaculada, no parecen ser flor de un día. Se van consolidando, pero deberán ser los resultados y la respuesta del propio Lugo las que solidifiquen esta comunión. Pero de nuevo habrá que convenir en que esta afición ha dado una lección insuperable al mundo futbolístico. Y la prueba más irrefutable radicó en que el Anxo Carro fue testigo, en quince días, del ascenso consecutivo de los dos rivales que eliminaron al equipo rojiblanco de la soñada categoría de plata, con una demostración exquisita de señorío y respeto. Las propias aficiones rivales se quedaron atónitas ante semejante lección de deportividad. Y la televisión así lo testificó. Semejante lección solo está al alcance de una mayoría de edad única. Por eso, al Lugo futbolístico solo le falta un hervor: un estadio con aforo para cobijar a esta afición que ya no cabe en sus vetustas gradas. Anteayer, volvió a confirmarse el dato. Señores políticos, ustedes sí están en fuera de juego.