Alimentar el nuevo Anfield

Murillo

CDLUGO

El plebiscito de la promoción de ascenso tuvo una sentencia inapelable: el nacimiento de una nueva afición. Jamás el Anxo Carro había albergado a semejante multitud. De ahí, ese sobrenombre de Anfield Carro, símbolo de la nueva identidad. Con este capital humano impagable, el Lugo tiene ante sí el reto más importante de su historia: mantener y alimentar ese espíritu. Si se pierde, si se enfría ese entusiasmo. Y volveremos a los tiempos del oscurantismo balompédico. Ojo pues. Este desafío ofrece muchas dificultades. Hay que contar con un equipo muy competitivo para rememorar este pasado inmediato. Si el Lugo no tiene opciones de ser un serio candidato al ascenso a Segunda División, no se entenderá ese resurgimiento vivido. A la directiva lucense le compete esa gran responsabilidad Y, para ello, hay que concitar presupuesto y déficit. O sea, una especie de cuadratura del círculo, donde el acierto de los fichajes y renovaciones ha de ser un éxito. Setién ya sabe lo que le vale y no le sirve de la plantilla pasada. Pero los intereses del club han de prevalecer. Y Mouriz ha de conjugar dinero y fichajes, sin dejarse influir. También las instituciones lucenses se tienen que volcar, si de verdad les interesa que la ciudad dé un salto de calidad definitiva. Finalmente, Bouso ha der claro si va acudir a ese anunciado crédito y en qué cuantía autorizado por la pasada asamblea. La permanencia en Segunda B le ha ahorrado al club un millón de euros, entre primas y canon. Hay que ajustar los números para no aumentar la deuda.