Desde el primer futbolista rojiblanco, hasta el último, participan en el trabajo para recuperar la posesión
13 ene 2011 . Actualizado a las 12:21 h.Si en la Segunda B se hicieran los cálculos de la Primera División, sobre el porcentaje de posesión de cada equipo, el Lugo saldría ganador. Hasta el punto de pensar que salta al campo con un balón de su propiedad, que los rivales intentan robar infructuosamente. Un aspecto que se hace patente, sobre todo en el Ángel Carro. Eso sí, nada de eso resultaría posible sin un gran trabajo en la recuperación. La presión, que los rojiblancos ejercen hasta asfixiar a sus adversarios
Porque Lugo domina tal arma. Requiere una gran coordinación, esfuerzo y sacrificio por parte de cada uno de los jugadores. Desde el delantero centro, hasta el último eslabón de la cadena. El necesario trabajo sucio, colectivo, para que luzca el juego combinativo del que hace bandera Quique Setién y con el disfrutan no solo los espectadores: los primeros en hacerlo, los propios futbolistas.
Cuando el rival consigue el cuero, si el Lugo lo cede en una zona avanzada, empiezan a ahogar. Azkorra acecha al central que, asediado, debe deshacerse rápido de su posesión. Atentos, entra en marcha la segunda línea para forzar aún más la máquina. De izquierda a derecha, Arroyo, Yago e Iván. Ante el Deportivo B, el mediapunta dio un recital de cómo impedir que los defensas contrarios se muevan con libertad.
El ABC del sistema
El ABC de este sistema lo explica Iván: «Es una pieza importante de nuestro juego. Si perdemos la pelota, hay que reaccionar al momento. Suele suponer un esfuerzo pequeño, de apenas 5 metros». Recuperar en zona avanzada supone, además, tener la portería contraria mucho más cerca. Menos recorrido hacia la portería. Nadie se libra. «Aquí los de la parcela atacante no se escapan», afirma el todocampista de Noia. Nada de delanteros que se quedan a observar, ausentes. Sí, participación en la creación y en la presión.
Y esto, desde el primer minuto hasta el último. Claro que mantener la posesión es sinónimo de que debe ser el rival el que corra. Y si este presiona, hay un plan de actuación preparado al milímetro: Escalona actúa como si fuera el líbero de antaño para barrer cualquier balón caído hacia atrás. La premisa es no rifarlo. Los centrales se abren, y aún más los laterales, ensanchando el campo para comenzar a jugar desde un costado.