En el mundo globalizado existe un parámetro primordial para combatir el fracaso. No garantiza el éxito, pero sí resulta imprescindible para alcanzarlo. Sin un buen márketing sería imposible aspirar al triunfo. La competencia es feroz y los mediocres o carentes de ideas están condenados al fracaso. No hay alternativas: o sirves, o no te comes una rosca. El fútbol, sumido en una profunda depresión, no es ajeno al aserto anterior. Ejemplos hay para dar y tomar. Y nombres propios, ídem. Monchi, el mánager del Sevilla, ha logrado lo que está al alcance de muy pocos: contratar a jugadores de primer nivel, a precio de saldo, comparativamente con las inalcanzables cifras de Madrid o Barça. Los casos de Alves, Luis Fabiano, y un larguísimo etcétera, han permitido al Sevilla tutear en competiciones domésticas e internacionales a los grandes, traspasando a muchos jugadores convertidos en estrellas por cifras millonarias. El que tiene un Monchi, tiene un tesoro. En Lugo siempre nos ha fallado el márketing. Nunca hemos sabido vender nuestro primer producto, el Lugo. Cualquier ciudad gallega del entorno (Santiago, Ferrol, Ourense y Pontevedra) tiene un currículum de militancia en Segunda, y hasta en Primera, escandalosamente superior. ¿Por qué? Por nuestro tradicional complejo de inferioridad y la falta de un impulsor que borrase ese estigma. Ni tan siquiera nuestra obsesión por el endeudamiento nos ha librado de esa lacra. El equipo rojiblanco está en plena faena de fichajes y renovaciones. Y el último torpedo a la línea de flotación de la ilusión lo ha vuelto a lanzar el plenipotenciario director deportivo. Ni corto ni perezoso, ha dicho que, en torno al fichaje de cierto jugador de contrastado caché, no se hacía ninguna ilusión, porque «nosotros somos un equipo de Segunda B de la mitad de la tabla». O sea, tú mismo estás devaluando el producto. Careces de argumentos para convencer al jugador de que aquí hay un proyecto ilusionante, nunca descartable, y que la premisa del cobro puntual de los emolumentos, en tiempos de crisis, es otro aval para venir a Lugo. Así nos va.