La goleada que tumbó a un equipo

Antón Bruquetas EL MEDIO DEL CAMPO LA DELANTERA

CDLUGO

El Pontevedra, tal y como reconoció su técnico, Roberto Aguirre, evidenció el pasado domingo que está lejos del nivel que ofreció antes de encajar una manita ante el Lugo

13 oct 2009 . Actualizado a las 03:25 h.

El arranque del Pontevedra en el campeonato generó una avalancha de expectativas en todos los estamentos del club, donde creció la idea de que este año se había diseñado un proyecto para aspirar al ascenso. Además, parecía que el equipo, bajo la batuta del técnico asturiano Roberto Aguirre, había logrado un vínculo especial con la afición gracias a la apuesta por el fútbol combinativo que tanto gusta en Pasarón. Los primeros pasos fueron sólidos: cinco jornadas sin conocer la derrota y dos triunfos contundentes contra el Guijuelo y el Compostela. Entonces llegó el Lugo, que desmontó con cinco zarpazos los cimientos del conjunto granate. La goleada hizo brotar las dudas entre los seguidores y algo quizás mucho más importante, minó la confianza de los futbolistas, a quienes ahora les cuesta un poco más creer en ellos mismos.

Han pasado más de 15 días desde aquel golpe, pero el Pontevedra aún pelea por encontrar de nuevo sus señas de identidad, porque, tal y como reconoció su entrenador, «fue un palo muy duro del que no es sencillo recuperarse». Aquello fue una goleada que atacó los pilares de un equipo y los consiguió tumbar. Nada en el campo ha vuelto a ser como antes.

Finalizaron las rotaciones

Uno de los aspectos que más se cuestionó, incluso por el presidente del club, Nino Mirón, del equipo que saltó al campo frente al Lugo fue la alineación de varios jugadores en puestos donde no habían jugado hasta la fecha. Pedro Baquero se convirtió en lateral izquierdo, mientras Claudio Giráldez pasó al interior. Para muchos, estas variaciones generaron desconcierto en el equipo. El técnico siempre defendió que contaba «con un grupo de futbolistas polivalentes» y que iba a continuar con las rotaciones a lo largo de la temporada. Sin embargo, desde aquella, Aguirre ha dado estabilidad al cuarteto formado -de derecha a izquierda- por Malón, Gutiérrez, Vázquez y Noel Alonso. Esta continuidad tuvo su recompensa el pasado domingo en Pasarón donde el equipo dejó su portería a cero frente al Barakaldo.

Aún muy impreciso

Quizás es la línea del equipo más afectada. La falta de confianza de los jugadores se transforma en un error constante durante la toma de decisiones. Apareció el miedo a perder el balón en posiciones delicadas, lo que podría ocasionar contragolpes letales de los contrarios. Exactamente lo que sucedrió frente al conjunto de Quique Setién. Por este motivo, los futbolistas recurren en exceso a balones en largo y a envíos planos que no dañan a las defensas contrarias.

Se vacía en la presión

Las imprecisiones en el centro del campo derivan en la falta de control de la pelota. La estrategia de Aguirre se basa en la recuperación rápida del esférico para volver a la elaboración de un nuevo ataque. En este sentido, la delantera es la primera línea de presión. Cuantas más pérdidas tenga el equipo, más trabajo deben realizar los delanteros. Esto provoca una fatiga excesiva en los atacantes, que, cuando aparecen las oportunidades de anotar, siempre parece que llegan tarde a la jugada.

Un comportamiento ejemplar

Las gradas de Pasarón censuraron duramente al equipo durante el partido contra el Lugo. El conjunto granate recibió la primera pitada de la temporada, con algunas proclamas dirigidas hacia el propio entrenador. Por este motivo, el cuerpo técnico y los jugadores tenían miedo de que ante el Barakaldo los seguidores se impacientasen si las cosas no marchaban según lo previsto, si no se conseguía el triunfo. Pero la afición respondió. Estuvo en todo momento con el Pontevedra y no desfalleció cuando los futbolistas fallaron ocasiones claras de gol.