La puntería paró la ofensiva del Lugo

Marcos Pichel

CDLUGO

22 dic 2008 . Actualizado a las 10:25 h.

Sufrió el Lugo para arañar el empate de un partido que se tenía que haber llevado por goleada y que pudo perder por más de un gol. Vivieron los rojiblancos en el área del Sporting B, pero sus múltiples atacantes ayer no fueron capaces de acertar ante un meta visitante que, a pesar de todo, no tuvo trabajo.

Casi no hizo falta que pasaran los primeros minutos para observar que en el partido sucedería lo que dictara el Lugo. Mejor plantado y mejor armado que el Sporting B, el dominio de los rojiblancos de la ribera del Miño se mostraba en cada acción, al llegar primero a cada rechace, al desbordar con facilidad las estáticas líneas que en medio del campo y en la defensa había colocado el entrenador de los rojiblancos de Asturias (ayer de negro), Abelardo.

Pablo Ruiz cortaba el juego como un cuchillo. Era la primer muro, y último, para los visitantes, porque tenían muchas dificultades para acercarse a la meta de Javi Muñoz. Endebles en defensa, desaparecidos en el medio, a los gijoneses sólo se les intuía peligro si lograban alcanzar las espaldas de la adelantada defensa del Lugo. Lo lograron unas cuantas veces, pero contadas si se compara el asedio continuo de los de Fonsi Valverde. Sólo un jugador, Losada, tuvo más ocasiones en su botas que todos los sportinguistas. ¡Incluso mandó un penalti al palo! Por eso, que un equipo, el asturiano, consiguiera adelantarse, no solo una, sino dos veces, sonaba a increíble.

Las pocas veces que se plantaron ante Javi Muñoz lo hicieron con peligro y aprovechando las bandas. Así consiguieron el segundo tanto, a la vuelta del descanso; y pudo caer alguno más. El primero, de falta directa. El Lugo tuvo la réplica al instante para los dos. En el primero, Pablo Ruiz cabeceó el empate; Losada no pudo transformar el penalti en el segundo.

El caso es que los lucenses nunca cejaron en su asedio al área visitante. Y en cada balón que rondaba la meta de un titubeante Raúl, la sensación de peligro era lo habitual. Uno tras otro, balones colgados rematados de cabeza fuera, jugadas trenzadas que concluían en la pierna o en la espalda de un defensor... En cada minuto el Lugo tenía dos ocasiones claras para darle la vuelta a un partido que debía ser suyo. Arroyo, Noguerol (que entró al final), andaban sin pólvora en sus botas. Eso sí, al portero no lo probaban.

Fonsi dio un giro radical. Sacó a Losada y a Garmendia, puso defensa de cuatro, y dio entrada a Rubén Pardo, que ya en su primera acción creó peligro, y a Sergio, por primera vez en mucho tiempo por el centro, pero no la olió. El Sporting, encerrado, acorralado, nervioso como estaba, pudo hacer el tercero. Pero en el descuento, Aira puso el alma para empatar dentro del área.