Un gol para aplacar la sequía

Marcos Pichel

CDLUGO

Rubén Pardo, ariete del Lugo, rompió ante el Ciudad de Santiago en la Copa Federación una racha de 11 partidos sin marcar

12 dic 2008 . Actualizado a las 10:58 h.

Los delanteros viven de las rachas. Las positivas generan una confianza ilimitada, que les hace capaces de transformar sandías en goles por la escuadra, en las que hasta la rodilla, o la nariz, por no decir el trasero son armas indestructibles para los contrarios. Las negativas provocan ansiedad, la búsqueda, casi hasta el paroxismo, de la ocasión que la rompa, que saque del campo de una vez la portería de hockey sobre patines por la verdadera del balompié. Dos delanteros del Lugo estaban sumidos en esa depresión sin gol. Uno, Sergio, sigue inmerso en ella (esta temporada no ha podido hacer aún ninguna muesca en su taquilla). El otro, Rubén Pardo, la rompió anteayer ante el Ciudad de Santiago en la Copa Federación.

«La verdad es que ya me hacía falta marcar», asegura el jugador. Y es que la sequía se prolongaba desde la quinta jornada de Liga, cuando su gol en el minuto 1 de partido (el tercero y último de su cuenta hasta entocnes) servía para que el Lugo arañase un punto en el inexpugnable campo del Real Unión. Agridulce, porque no acabaría ese encuentro, expulsado, e iniciaría un pequeño calvario, con problemas físicos añadidos, que ha limitado su participación. En total, once partidos sin ver puerta y, eso sí, buscándola con ahínco.

«Ya había tenido oportunidades en los últimos partidos, ante el Deportivo B, y ante el Pontevedra tuve una, pero no quería entrar», indica. Tuvo que llegar la vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa Federación, en la que ha sido titular tanto en Santiago como en Lugo, para romperla. ¡Y en el último minuto! «Esta competición nos viene muy bien para coger el ritmo de los demás a los que jugamos menos, y el gol me servirá para coger confianza», dice el ariete.

Motor del cambio

Rubén Pardo acostumbra a entrar en los partidos desde el banquillo, en una actuación circunscrita, casi en exclusiva, a los minutos finales, en los que actúa de chispa que enciende el motor del cambio para revolucionar duelos empantanados. Un papel que interpreta a la perfección. «Lo importante es jugar», asegura, en un tono que suena a aprovechar cualquier resquicio sobre el campo para poder imponer su nota.

Y eso que el pasado miércoles, al fornido delantero de Ortigueira le costó encontrar su sitio, «muy solo» en la punta del ataque, como él mismo dijo haberse sentido. «Además, me venían casi todos los balones por arriba. ¡Y no es mi fuerte!», dice con buen ánimo.

Sólo falta que ese recuperado olfato goleador, con el chupinazo desde el área que supuso el 3-0 ante el Ciudad de Santiago, encuentre continuidad. Brega, intensidad y entrega no le han de faltar, como puede comprobar cualquiera que lo vea evolucionar sobre un campo de fútbol. Tampoco estaría de más que contagiase su reencontrado instinto a otro jugador que lo necesita como el comer, y que en el último partido de Liga se mostró cercano a sus buenos momentos, como es el también ariete, Sergio.