El Lugo ha dado con la receta para superar al Deportivo B en cada envite. Ayer, uno más. Controló al Fabril aunque el balón fuera visitante, evitó los golpes, pegó cuando lo necesitó, y dio sensación de suficiencia.
Para evitar complicaciones, mejor dejar sentada la superioridad en el marcador a la primera oportunidad. Para comer la moral a un rival al que en los últimos años lo más que ha rascado ante el Lugo ha sido un empate, qué mejor que un gol en la primera ocasión. Bien es cierto que el Fabril de este curso poco se parece al del pasado, y en nada al de hace tres, salvo en el banquillo, con Tito Ramallo.
El gol de Mauro Poratti, cuando el balón casi no había recibido las primeras patadas, tras un córner en el minuto tres, afianzó el planteamiento de Fonsi Valverde, inexpugnable por el centro y que intentaba ser ágil por las bandas, aunque solo lo lograba por la derecha, con Poratti incisivo, y con un Sergio con toda la movilidad del mundo que entraba una y otra vez por ahí, aunque hubiera sido colocado como extremo izquierdo.
No lo debió ver claro el preparador coruñés que, apenas transcurridos 25 minutos de juego, dio un golpe de timón, sacó del campo a un Momar que ya había visto una amarilla y no era capaz de detener a sus pares más que con falta, e introdujo a Iván Pérez. Reforzaba un ataque en el que estaba demasiado sólo Lassad: el menudo Pérez era una guindilla con la que provocar los desplazamientos de los monolíticos centrales lucenses. Un balón al palo y un par de paradones de Javi Muñoz dejaron claro que iba a ser el mejor de los suyos.
Con Pérez, dio un giro el Fabril. Tuvieron entonces sus mejores minutos, pues se habían hecho con el control del balón. El problema para los coruñeses es que los defensores locales trataban de apartar al atacante fabrilista de donde podía hacer realmente daño, lejos del área, adonde ya no llegaba con la suficiente frescura como para aprovechar su reprís, aunque sí hizo daño. Además, pese a dejar de lado el balón, daba la sensación de que el Lugo mantenía el dominio táctico y la posibilidad de aprovechar los huecos en la defensa visitante en contras lanzadas por Rubén Durán y finalizadas por Sergio, el único con intenciones y movimientos realmente peligrosos en la vanguardia local.
Quemar las naves
Ramallo quemó las naves y puso sobre el verde a Aridane. Su entrada iba a ser clave para que el Fabril empatase, en un fallo colectivo de la defensa rojiblanca al saque de un córner botado desde la izquierda de su ataque. El canario fue el más listo para, con la puntera, empujar a gol. Intentó esa jugada más veces, con un envió muy cerrado, y siempre creó peligro.
Al Lugo le bastaba con el control posicional para mantener al Dépor lo más lejos posible, aunque no siempre lo conseguía y Javi Muñoz tuvo que sacar alguna mano increíble. Hasta que casi a renglón seguido del empate, el Obús de Portomarín inició una jugada por fuerza, se la dio a Losada, para que este, con un sólo gesto dejase sólo a Rubén Durán para devolver la ventaja, que ya no se iba a mover, pero que se pudo incrementar con dos cañonazos de Rubén Pardo.