El Lugo plantó cara a los vigueses hasta el pitido final
03 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.l Celta se llevó ayer la Copa Galicia en el estadio lucense del Ángel Carro ante el anfitrión gracias a su gigantesca pegada en los metros finales. El joven Sergio sustituía a un lesionado Cuéllar, nada más darse el pistoletazo de salida. El de Portomarín demostró en cada movimiento el porqué de la confianza que Juan Fidalgo deposita en él. El Celta abría la caja de Pandora de pascuas a ramos, factor que aprovechó Pablo Martínez para llevar la confusión al área de Esteban con centros envenenados que Placente solo veía de soslayo. La contramedidas lanzadas por el técnico de Fernando Vázquez no hicieron mella en la estructura rojiblanca, donde Germán y Aira imponían su envergadura frente a un Perera agobiado. Mientras los locales preparaban el menú ofensivo, los celtiñas únicamente sazonaban los restos con De Ridder lanzado en una contrarreloj individual sin sentido, pero no falto de la clase que atesora el mediapunta tulipán. El envite carecía de centrocampismo, el esférico cambiaba de manos a la misma velocidad a la que ambos equipos lo perdían. El local Carril rompía el tedio reinante con una vaselina que Esteban no tuvo reparos a la hora de atajar. El descanso sirvió como bálsamo a los protagonistas. El drama mutó en ciencia ficción. Jorge avisó con un cañonazo desde la frontal que se fue alto. Pronto replicó por dos veces Pablo Martínez, que tuvo una contestación inapelable del cancerbero visitante. Sergio, la gran promesa rojiblanca, continuaba en labores de intendencia cuando repentinamente el mejor carterista lucense le birló el cuero a la zaga celtiña para mandarle por email un pase al hueco a Marcos Suárez, quien batió con temple y por bajo a Esteban. Vázquez quería el trofeo y puso a Nené y Baiano sobre el denostado césped con las miras puestas entre los tres palos defendidos por otro canterano, Javi. Nené esperó el mejor momento para alcanzar la madurez futbolística en la ciudad amurallada y, así, dio un pase de la muerte que Canobbio no desaprovechó para devolver la igualada al luminoso. Pero el viveirense Pablo Rodríguez, el mejor rojiblanco de corto, se doctoró frente a un Primera convirtiendo panes en peces en el centro del campo y ejerció de mariscal en el ataque. De sus botas salió una vaselina desde la línea lateral espectacular. Pero la realidad se cernió sobre las cabezas locales con el tanto de un enamorado del gol, Baiano. El ariete canarinho no tuvo piedad del joven Javi y batió al cancerbero con un disparo raso y seco que se coló en las mallas, pegado a la cepa del palo. Pablo Rodríguez no varió su concepto de juego, pero por una única ocasión abandonó el rombo y enganchó un centro que el canterano Sergio mandó tras la línea de gol. El encuentro entró en una dinámica espectacular. Perera, negado toda la tarde de cara a portería, falló un tanto cantado en las gradas, que el central Germán sacó con la puntera. Así las cosas, en la siguiente combinación viguesa Baiano no perdonó con una magistral vaselina desde el borde del área que cogió a Javi a contrapié. Una postrera y lejana ocasión del omnipresente Pablo Rodríguez puso el punto y final al estreno de la Copa Xunta. Fernando Vázquez sacó su sonrisa de campeón. El celta ya tiene la primera copa gallega.