El Lugo ridiculiza al Dépor

Marcos Pichel LUGO

CDLUGO

ÓSCAR CELA

Los de Caparrós fueron minimizados por un equipo local muy superior y se despiden de la Copa Xunta sin tirar a portería

06 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La pregunta era evidente ayer en el Ángel Carro. El Deportivo tenía a buena parte de su artillería en la cancha, pero, ¿iba realmente con ellos este asunto de la Copa Xunta como había aseverado Caparrós el día antes? O, a la inversa, ¿era capaz una equipo de Segunda B de maniatar de tal manera a los coruñeses que no lograban trenzar ni una sola jugada de ataque? Es imposible calibrar cuánto había de uno y de lo otro. Pero, inesperadamente, el Lugo se comportó como un Primera División, no dejó que el Deportivo hiciera su juego (no parecía que tuviera alguno) y tumbó a los coruñeses con dos golazos que tuvieron como respuesta la nada. El partido nació muerto, sin ritmo, con dos equipos más preocupados de proteger su portería que de mirar hacia adelante. La pareja Sergio-Coloccini era un tapón casi infranqueable para los lucenses, pero no sabían que hacer con el balón, estáticos ellos, y quietos el resto de sus compañeros, que no hicieron ni un solo desmarque. Mérito también del planteamiento del técnico local, con un viejo conocido de la cantera blanquiazul, Aira, ejerciendo de mariscal en el mediocentro. No había ocasiones. Hasta que otro producto del Fabril en las filas del Lugo, Pablo Martínez, dejó varios segundos a la afición del Ángel Carro de pie aplaudiendo por un zapatazo desde más atrás del medio campo que dejó a Munúa con con cara de tonto. Era el 1-0, al filo del descanso, y con otro ex canterano blanquiazul, el delantero Marcos Suárez, a punto de poner el 2-0 en una gran jugada combinativa local. El Dépor sólo había buscado la meta de Javi desde lejos. Segunda parte, y más de lo mismo. Dos equipos nuevos, y el Lugo se seguía subiendo a las barbas de un Dépor inoperante, permitiéndose, incluso, inventar combinaciones que a los blanquiazules, ayer de rosa, ni se les pasaban por la imaginación. Como la del segundo gol, de Pablo Rodríguez por la escuadra. El Dépor no se había despertado de su sopor, por mucho que intentara tocar el balón. No había orgullo en los de Caparrós, aunque fuera una competición menor.