La quinta del Gatti gallego

Pedro J. Barreiros REDACCIÓN

CDLUGO

JOAQUÍN BILBAO

La calidad del meta Roberto, apodado como el histórico portero argentino, y de los medios Pablo Álvarez y Álvaro alimenta el sueño gijonés de regresar a Primera

18 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«Recuerdo que muchos socios se dieron de baja a principio de temporada, sólo había dos o tres fichajes y habían subido al mister del filial; pero demostramos que se habían confundido y ahora han tenido que volver a sacar el carnet». Las palabras de Roberto, el Gatti del Sporting, bien podrían haber salido de los labios de sus compañeros Pablo Álvarez y Álvaro. Juntos dan forma al sueño de miles de seguidores del equipo rojiblanco, un habitual de Primera División, actual líder de Segunda, que sueña con regresar a la élite de la mano de tres jóvenes futbolistas gallegos. Pablo Álvarez Núñez nació en Oviedo hace 23 años, pero jugó en Lugo desde su niñez y hasta los 17. «Mi padre trabaja en la Escuela de Peritos Agrícolas, jugué en las categorías inferiores del Lugo hasta los juveniles, allí en un equipo con Paco Corredoira (Eibar), Iván Campos (Dépor B), Borja (Lugo) o Mateos (Compos B) subimos a División de Honor, estaba en mi casa y muy contento, pero me llamaron del Oviedo y del Sporting y me fui para allá», recuerda. El extremo -«me vale cualquier banda, pero lo que más me gusta es jugar cerca del área rival», dice- explica que el Lugo trató de retenerlo, pero su propuesta no tenía comparación con la del club de Mareo: «No sé qué falla en Galicia, pero a los canteranos nunca se nos ha apoyado, en aquel equipo había muchos futbolistas buenos que, o bien no juegan, o lo hacen poco menos que en Regional». Sacrificio La historia de Álvaro Varela Álvarez guarda similitudes con su compañero. «Llegué al Compostela con 6 años, casi sin saber jugar; mi padre es el culpable de que sea futbolista, durante 17 nos dimos la paliza diaria de recorrer los 30 kilómetros entre Touro y Santiago para ir a entrenar; además, como es panadero, los fines de semana se levantaba para llevarme a los partidos, le debo todo lo que me está sucediendo», señala. Roberto, hijo de ganaderos, se lo debe a su hermano. «Fue quien me metió el gusanillo del fútbol, jugábamos en el patio de casa, en Chantada, y, como es dos años mayor, me decía: 'Tú de portero'. Rompimos muchísimos cristales y aún a veces bromeamos diciendo que le debo parte del récord de Isierte». Roberto, uno de los grandes artífices del liderato sportinguista, batió el pasado domingo la marca de Emilio Isierte, el meta que ostentaba el mayor número de minutos imbatido en la portería asturiana. Ídolo de la afición que llena El Molinón jornada tras jornada -«es impresionante, destaca, jugar ante 18.000 personas»-, el central argentino Cristian Díaz lo bautizó como el nuevo Hugo Gatti. «Creo que fue por mi forma de ser, así campechano, y porque no me gusta esperar apalancado debajo del larguero, estoy siempre en movimiento», reconoce. El cancerbero, que jugó desde los 16 años en la base del Celta, podría regresar al final de esta temporada al club celeste. «Hay una opción, pero también se había hablado de ofertas la pasada campaña y al final... Aquí me han dado más oportunidades y no me veo en otro equipo», explica. Álvaro casi se vio obligado a dejar su equipo de toda la vida, el Compos. «Estuve 17 años y perdoné 17 meses para poder marcharme», asegura el jugador, que echa cuentas y apunta: «Si cuento la gasolina de aquellos años entre Touro y Santiago, y luego esto, casi se podía decir que he pagado para jugar en el Compos». El extremo zurdo coruñés, que apenas ha disputado minutos esta temporada, indica que entra en las convocatorias con asiduidad, «pero el mister -dice- no confía en mí». «Vine a Gijón por la insistencia del secretario técnico del club, Eloy Olaya, y el entrenador de entonces, Antonio Maceda, pero trabajo todos los días para entrar en el equipo y me siento muy orgulloso de estar aquí, me siento partícipe de lo que estamos logrando», asegura. Un objetivo, el del ascenso, que Pablo Álvarez, al que en Gijón conocen como El Gallego acoge con cautela: «Lo veo lejano, porque aún quedan muchas jornadas, pero también somos conscientes de que estamos ante una oportunidad única». La ocasión de reivindicarse.