Un fútbol cada vez más profesionalizado en todas sus categorías comparte protagonismo con las manías de jugadores y entrenadores para alcanzar el éxito
16 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Lo cuenta Milucho, quizá uno de los entrenadores más supersticiosos de Galicia: «¿Si existe la suerte en el fútbol? Entrené durante dos temporadas en el Porriño. En la primera, los conté a final de temporada, estrellamos ocho balones en los postes, siete entraron y fuimos campeones de Liga; a la siguiente, mandamos once y ni uno se convirtió en gol... Terminamos duodécimos». La experiencia del ex técnico del Pontevedra cuenta con historias paralelas en todo el orbe del balón. Los protagonistas buscan la suerte -goles, victorias o ascensos- con costumbres que trascienden lo puramente deportivo, con manías de todos los pelajes. Las más comunes se escenifican en el momento en que el jugador salta al terreno de juego. Una cosa parece segura, apoyará primero el pie derecho. Así lo hacen el ex deportivista Ramis (actualmente en el Racing), el compostelanista Rodri, o el ourensanista Kiko, quien además siempre aparece el último al césped, aunque, como en su caso, sea el capitán. Sin embargo, para el meta del Arteixo Alberto Casal, la izquierda tiene mucho que decir: «Soy diestro, tanto de mano como de pie, pero en el vestuario coloco todo a mi izquierda; hago los ejercicios del calentamiento a la izquierda de la portería y también pido que el primer disparo de mis compañeros sea a mi izquierda; luego, al saltar al campo, siempre me sitúo en el lado izquierdo en las fotos y coloco la toalla y la botella de agua a la izquierda». Los porteros vienen a plasmar buena parte de las manías. El gol, sin embargo, siempre contó con la protección de los ajos, los mejores aliados de los delanteros. Así lo entienden muchos seguidores, que incluso los siembran en torno a la portería rival, y también la madre del delantero del Lemos Josito. «Antes de un partido, cuando me iba a calzar la bota, noté algo dentro y había sido ella, que había metido un ajo envuelto en un papel», recuerda. Pero los talismanes no se circunscriben a lo trascendente. Otros muchos objetos de toda clase y condición pueden portar la fortuna precisa. Uno de los entrenadores que forman el tándem que dirige el Lugo, Javier Vidales, reconoce que guarda en el bolsillo del anorak un muñeco que le regaló su hijo. «Me lo dio mi hijo antes del partido contra el Ribadesella y desde entonces no perdimos: tres victorias y un empate», señala. Hasta la música entiende de victorias. Luis Rodríguez Vaz, en su última etapa como técnico en el Racing de Ferrol, hacía escuchar a sus jugadores en el autocar la canción de Carlos Vives La gota fría, que dice: «Moralito se creía que él a mí / me iba a ganar / pero cuando me oyó cantar / le cayó la gota fría». Toda una premonición.