Corría el año 1830 y la plaza Mayor de Lugo acababa de ser empedrada. Se planteó entonces la instalación de la fuente que después se conoció como la de los Leones, por ser parte de ella cuatro figuras que representan al rey de la selva. En 1855, según la documentación que maneja el Colegio de Aparejadores, se encargó al escultor Paciano Guitar los moldes en barro cocido para un grupo escultórico formado por una matrona coronada, que representa a España, apoyada en un escudo nacional y custodiada por leones. La fundición de las piezas se encargó a las Reales Fábricas de Sargadelos. En 1861 el grupo escultórico fue embarcado en un galeón y transportado hasta A Coruña; desde allí, en carretas, se trasportó la matrona (se emplearon tres parejas de bueyes) y los leones (fueron necesarias dos parejas de bueyes). La matrona pesaba 57 quintales y los leones, 33. En el mismo año, el concejal de Obras Públicas, Ramón Pedrosa y Porras, contrató a Juan de Neira y Ramón de Pacios, de la parroquia lucense de San Vicente do Veral, el suministro las veintisiete piedras que se necesitaban para el pilón de la fuente, que eran de tres pies y medio de ancho, de igual alto, y pie y medio de espesor.