El Archivo Histórico Provincial tiene diez kilómetros de estantes ocupados
06 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La ciudad de Mondoñedo fue pionera en conseguir esa especie de troncos artificiales que venden en los supermercados como leña para las chimeneas. Y lo hizo a partir de protocolos notariales de hace dos o tres siglos, que hoy se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Lugo a la espera de que les metan mano a ver si consiguen separar algún folio de la especie de termitero compacto en que se convirtieron. Tal descuido se contrapone a toneladas de documentos conservados en perfecto estado. Entre estos figura el archivo del Marqués de la Ensenada, que en esta provincia se elaboró entre 1750 y 1753. Son cinco libros de cada parroquia que constituyen el más completo inventario basado en una especie de test de 40 preguntas, que todavía hoy se utiliza para obtener determinados datos, con una escritura a plumilla que la directora del archivo, Dolores Pereira, lee con la misma facilidad y soltura que una novela de Pérez Reverte. Una plantilla de veintiúna personas trabaja en dos turnos, de 8 de la mañana a 8 de la tarde, para preparar y clasificar toda la documentación que mandan a diario todos los organismos de las administraciones públicas, notarías y otros emisores. Como si se tratase de un perro bagabundo, lo primero que tienen que hacer es una fumigación, seguida de una limpieza a mano o con aspirador, según el estado de los documentos; tras airearlos, los organizan y los bajan a los depósitos. Lo más laborioso es la clasificación, dado que ahora también son informatizados, describiendo con detalle el contenido y microfilmando los protocolos antiguos. El edificio de Ramón Ferreiro dispone de 3.501 metros cuadrados en sus seis plantas. En estos momentos está siendo dotado de un moderno sistema de extinción de incendios que, al menos en teoría, ni siquiera haría falta la presencia de los bomberos y el fuego se apaga con un gas que se dispara automáticamente y que no afecta a la capa de ozono. Tradicionalmente, la propiedad de la tierra dio lugar a muchos litigios, que con frecuencia se dejan notar en este archivo, si es preciso con veladas amenazas o acusaciones de estar a favor de la parte contraria. «Con las excepciones que marca la ley, porque afectan a la intimidad de las personas, a la seguridad nacional o a procesos judiciales, los documentos que custodiamos aquí están a disposición de cualquier persona y nuestra misión es facilitar las consultas a todos», dice Dolores Pereira, que se lamenta de que alguna vez, cuando hay litigios por medio, no todos lo comprenden. La máxima de atención generalizada llegó hasta el extremo de buscar un documento en el que constase una donación realizada por «o home da República» al padre de una consultante. Según explicó, el compromiso que debería constar en el documento consistía en que «o home da República» había dado a su padre una finca junto al actual cementerio, de una superficie equivalente a la que este último había podido alcanzar lanzando su boina. En otra ocasión, un joven plebeyo con aspiraciones de noble se dedicó a hacer burdas falsificaciones en documentos, que resultaron dañados. Fue descubierto, denunciado, juzgado y condenado. Y todo para poder firmar con tres apellidos.