El Lugo empuja pero se estrella contra el muro del Gernika

R. FERNÁNDEZ LUGO

CDLUGO

FÚTBOL / SEGUNDA B

17 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El Lugo fue presa de sus propios errores y desperdició una gran ocasión para romper de una vez por todas el gafe vasco. Pero ni a la décima fue la vencida. La parroquia lucense tendrá que seguir esperando y rezar para deshacer el conjuro en próximas jornadas. Y eso que ayer parecía la tarde ideal para acabar con el maleficio. Los rojiblancos afrontaban el encuentro ante el Gernika con la moral por las nubes tras la proeza de Pontevedra, pero ya desde los primeros minutos los de Díaz descubrieron su punto flaco y los vascos lo aprovecharon para tomar las riendas del partido. Y aunque el Lugo controlaba la posesión de balón, la falta de conexión entre el centro del campo y la delantera hacía inútil la circulación horizontal del esférico. Todo cambió con el gol de Koldo Herrero. Un inocente aunque ajustado disparo desde fuera del área se topó con la condescendencia del meta Carlos, que se tragó literalmente el balón en una cantada de órdago. Barasoain decidió ceder terreno, balón y el fútbol al rival. Los vascos interpretaron el más puro catenaccio durante el tiempo que tardó en llegar el empate del Lugo al inicio de la segunda parte. Pero antes, los lucenses dispusieron de innumerables ocasiones para llevar las tablas al electrónico. El tanto visitante enrabietó a los rojiblancos. Julio Díaz pensó que la mejor opción en ataque era el clásico pelotazo arriba para aprovechar la envergadura y el sacrificio de un incansable David Sanz. El espigado delantero madrileño volvió a ser el mejor y refrendó su capacidad goleadora con dos tantos salvadores - y ya van seis-, que pudieron ser más si el larguero no lo hubiese impedido a los veinticuatro minutos del primer tiempo. Sanz remató a bocajarro y un pase de la muerte de Vichu, pero a veces la portería se hace más pequeña de lo que en realidad es. El travesaño impidió de forma surrealista el empate local. Las continuas embestidas lucenses no tenían recompensa hasta que Sanz se cansó de rematar y recogió su premio en forma de cabezazo tras centro de Rafa. Con las tablas el cerrojazo no era una buena solución para los vascos. Entonces decidieron que era mejor jugar al fútbol, aunque el derechazo de Goiria (2-1) se antojaba un premio demasiado grande para un juego burdo, aunque práctico. Quien no, sino Sanz, se encargó de hacer justicia. Fusiló un balón que quedó muerto en la misma línea de gol tras un envío de Rafa. El empate