El Lugo enseñó sus armas pero

CDLUGO

FÚTBOL / SEGUNDA B

02 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

¡Quiero un gol y lo quiero ya...!, animaba una aficionada rojiblanca en las postrimerías del partido, después de asistir atónita, como el resto del público, al infructuoso y permanente acoso del Lugo. La foto de Abraham clamando al cielo con los brazos alzados tras la enésima ocasión de gol errada por uno de sus compañeros, fue la mejor radiografía del partido. El Lugo maravilló con su juego ofensivo, sobre todo en la segunda parte, en la que arrinconó a un rival maniatado de pies y manos. El Marino que sufrió ayer en el Ángel Carro con y sin balón dista mucho del que hace un tiempo paseaba su condición de líder por los campos. Al menos, los de Robles se marcharon con la satisfacción de arañar el primer punto de los últimos doce en liza. Los de Díaz no pueden decir lo mismo. Bombardearon la portería rival y chocaron contra un escudo antimisiles invulnerable en la tarde de ayer. Los rojiblancos engrandecieron el fútbol desde el primer minuto. De las botas de Pibe nació la primera jugada de tiralíneas, que acabó en los pies de Míchel tras cumplir el tránsito por banda con Vichu y Joaquín. El punta ferrolano, desafortunado como todo el equipo de cara al gol, no acertó en la definición. Era un anticipio de la tónica general del encuentro. Willy y Pibe jerarquizaron el centro del campo y la terna Vichu-Joaquín-Míchel formaron una alianza terrorífica en punta. Mientras tanto, la defensa bostezaba ante la inoperancia asturiana y Suárez y Buide desbarataban con gran acierto las tímidas aproximaciones rivales. El Marino sólo inquietó a balón parado, pero incluso los lucenses le arrebataron ese protagonismo. A la media hora de juego, Laza lanza un obús que desvía como puede Edu Morán. Míchel y Joaquín se estorbaron para inaugurar el marcador. Entonces, el partido entró en un compás de espera hasta que Pibe desperdició un servicio de Vichu cuando languidecía el primer acto. A partir de ahí el Lugo no concedió un respiro a los luanqueses. Joaquín se entretuvo en un mano a mano con Morán. Apareció Rafa, desasistido durante la primera parte, recortó en el pico del área y se desequilibró antes de lanzar, otro ocasión errada. Míchel se internó por la línea de fondo dejando a un lado a cuantos le salían al paso, pero el friolense envió alto su servicio. Suárez se sumó a la fiesta con un cabezazo al palo y el monólogo continuó hasta el fin. Pero los lucenses se olvidaron de la segunda parte del refrán: tanto va el cántaro a la fuente...