FÚTBOL / SEGUNDA B
18 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El derbi de San Lázaro salió descafeinado. Por el aspecto de las gradas nadie podría presumir aquello de la rivalidad autonómica. Por el fútbol que se vio sobre el césped incluso cabía margen para pensar si de verdad había tres puntos en juego. Y sí los había, porque por primera vez esta temporada volaron dos desde el Multiusos. El Compos, torpe y plano, ni siquiera fue capaz de apelar al concepto racial para acorralar a los rojiblancos. Al Lugo le bastó con el orden y la disciplina para no pasar apuros. Buscó el contragolpe pero casi siempre se encontró con un rival que, al menos, tuvo la virtud de no descuidar su retaguardia. Fue de esos partidos que encabronan a la hinchada. Dejó la impresión de que si en lugar de noventa minutos fuesen cien o doscientos el resultado sería el mismo. Porque los dos equipos derrocharon prudencia, como dos boxeadores con la guardia alta incapaces de encontrar el mentón. No se entregaron al intercambio de golpes y, como no hubo despistes de calado, tampoco subieron goles al marcador. El Compos acusó las bajas más que nunca. Duque puso sobre el césped toda su artillería, sin éxito. Mino tenía que bajar, a veces hasta el círculo central, para recibir balones. Las bandas fueron callejones sin salida para Juanito y Corredoira. Arquero, el único que puso algunas gotas de clarividencia, acusa la inactividad. Los laterales administraron sus galopadas. Pinillos se animó un poco en el último tramo, pero sin exagerar. Pese a todo, el equipo lo agradeció. La pareja Biscay-Aguado no rindió dividendos. El argentino quiso coger la batuta. Pero rara vez escribió la partitura correcta. Y el madrileño estuvo perdido y errático en las entregas. Los centrales se preocuparon más de contener a David Sanz que de empujar desde el inicio.