Otra vida en Vimianzo para la obra de Antón Mouzo

Un piso-galería resguarda, expuesta y catalogada, la creación de este artista universal. Sus hermanos han creado una comunidad de bienes para mantener el legado unido


carballo / la voz

Creyó en su arte, consagró su vida a él y, aunque su obra llegó a muy diversos rincones del mundo, el pintor vimiancés Antón Mouzo Lavandeira (1957-2007) era en cierta manera «antimercado»: «Non lle encantaba demasiado o mundo das galerías ni entrou moito nos circuítos comerciais». Así lo evoca Juan Carlos Mouzo, quien afirma que podría estar horas hablando sobre el hermano y sobre el artista que en alguna ocasión Manuel Rivas definió como «o Van Gogh da Costa da Morte». Alquimista, suma de pintores en una misma persona, «perenne coma o buxo», «custodia da vangarda» y autor de una obra «que vai por enriba do tempo» son algunas de las descripciones que a este creador le han ido dedicando las crónicas. Su obra se definió en el homenaje que le rindió Vimianzo en el 2011 como «depósito de vida». ¿Y qué ha sido de su creación, de toda esa vida que albergaba?

«O groso das súas creacións témolas nós nun piso dedicado enteiramente á súa obra».

A la muerte prematura de Antón, «toda a obra que tiña el, obra de autor, herdouna miña nai», explica Juan. No obstante, María Lavandeira, quien tuvo que enfrentar la muerte de un segundo hijo en el 2013, el investigador y divulgador Roberto Mouzo, falleció en el 2018. Entonces, con el ánimo de «non desmembrar a obra e mantela unida», los tres hermanos que viven, José María, Silvia y Juan Carlos, crearon una comunidad de bienes que administra el mantenimiento de las creaciones del artista. «A obra máis significativa de Antón estaba na súa propiedade, tiña tendencia a non desfacerse dela», dice Juan.

Así, más allá de aquella que se encuentre repartida por el mundo, en galerías o en colecciones particulares, incluida la de los propios hermanos, que recibieron de Antón obras en vida e incluso adquirieron también piezas, «o groso das súas creacións témolas nós nun piso dedicado enteiramente á súa obra».

Hasta 740 obras y una web

Un ático en Vimianzo, a modo de galería, con la obra cuidada, colgada toda aquella que se puede y con todas las condiciones de mantenimiento que se requieren para su almacenaje, atesora hasta 740 unidades artísticas, entre cuadros, ilustraciones o esculturas. No es un espacio abierto al público, pero a quien desee visitarlo se le ofrece la posibilidad, «e a xente que o ve queda coa boca aberta, porque o groso da obra de Antón descansa alí».

Los tres hermanos mantienen el espíritu «non comercial» de Antón, de forma que, de fraguarse alguna venta, lo que se hace es destinar la cantidad en cuestión al mantenimiento «en condicións» de las creaciones. Juan Mouzo explica, además, que mantienen una página web dedicada a su memoria (www.antonmouzo.com) en la que divulgan toda cuanta información tienen sobre el artista: currículo, hemeroteca, actividades relacionada con su obra artística, el vídeo que hizo en su día Xabier Villaverde y, por supuesto, la obra inventariada, «fotografada, medida, catalogada». A estas últimas tareas dedicó Juan Mouzo el confinamiento. Asegura que no es un profesional de lo digital, pero se amañó para articular esta página que recibe visitas desde todo el mundo. «Esta web é outra das liñas de traballo que estamos a manter», explica Juan, quien incide en que el afán de los hermanos no es otro que «que a súa obra sexa vista», «mantela unida» y «movela» en la medida do lo posible desde esta asociación sin ánimo de lucro que constituyeron para tal fin.

La sala de exposiciones de la Casa da Cultura vimiancesa lleva desde el 2011 el nombre de Antón Mouzo. El edificio conserva además dos obras complementarias donadas en su día por la familia al Concello. Si importante fue la exposición antológica promovida en el 2009 en Santiago, simbólica resultó desde luego la que se llevó a cabo en Vimianzo en el 2011, como parte de una serie de actos de homenaje al vimiancés promovidos desde el gobierno del exalcalde Manuel Antelo. Juan recuerda que incluso se planteó en aquel tiempo la posibilidad de llevar a cabo otra, comisariada por la también vimiancesa Nuria Kolb, quien por otra parte se encarga de mantener vivas las redes Facebook e Instagram dedicadas a Antón Mouzo. Pequeñas píldoras de recuerdos que, periódicamente, van reforzando su memoria. «Nós, os irmáns, non nos dedicamos á arte nin temos recursos para facer outra cousa», indica Juan, que sonríe al recordar la particular personalidad de su «polifacético» hermano, su intensa vorágine creativa.

Antón era «fundamentalmente, un pintor», pero también ilustraba libros (Lino Braxe, Rivas...) o era capaz de alumbrar esculturas en bronce o de hacer sus propios materiales para pintar. Mica, piedra... Hasta las bases de sus obras o algunos marcos salían de su imaginario, cuenta Juan. Su videoinstalación A montaña disoluta, de los 80, integró una exposición en el CGAC. Esa web que alimentan es una buena manera de acercarse a las múltiples aristas de un creador que, como se dijo también en el homenaje hecho en Soneira, era un pintor «da terra», pero no local. Antón Mouzo era universal.

Aquella vieja idea de un museo

María Lavandeira, madre de Antón, expresó en alguna ocasión cuánto le agradaría que Vimianzo albergarse un museo dedicado al artista, para que no muriese su recuerdo. «Penso que non é algo moi abordable nas circunstancias actuais», comenta Juan Mouzo, quien de otro lado, cuando detalla la obra guardada del artista, alude a tres o cuatro cuadros de gran formato que hasta no resultó fácil almacenar. Algunos de ellos fueron en su día cedidos temporalmente a la Alcaldía, cuando Antelo era regidor, y tras su salida los tiene de nuevo la familia. El exalcalde dice que entre sus planes sigue estando ese museo: «É unha obra de grande relevancia». La actual regidora, Mónica Rodríguez, afirma que la idea de un museo sería de su agrado y del de su equipo, «e un orgullo e un prestixio para Vimianzo». «Son consciente da obra de Antón», dice. El panorama actual, no obstante, no es de lo más alentador. La pandemia ha supuesto un parón en otros proyectos culturales que tenían en mente, como puede ser el caso de una sala expositiva para los hallazgos hechos en el castro As Barreiras.

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