«Aínda soño moitas veces con Suíza»

Patricia Blanco
Patricia Blanco CARBALLO / LA VOZ

VIMIANZO

Jose Manuel Casal

La jubilación le trajo el placer de dedicarle tiempo a lo que le gusta: acordeón y artesanía

28 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Nació en Coristanco en 1945, pero es vimiancés. Tendría solo 2 o 3 años cuando llegó a la capital de Soneira: «Eu non me acordo», ríe. Jesús Viña Sánchez vive en A Lagoa y, allí, en el garaje de su casa, guarda y trabaja en una de sus mayores aficiones: la artesanía y, concretamente, la confección de cajitas de madera que lucen como pequeñas obras de arte: «É artesanía pura. Non teño máis que dous cabaletes e un tableiro». Jesús es un hombre vital, activo: «Ademais de durmir e comer, que é natural, teño todo o tempo ocupado. Pásoo de marabilla», detalla. Junto a la pesca con caña y al mantenimiento de su jardín, tiene además otro entretenimiento al que se entrega: el acordeón. Empezó a ir a clases con 64 años, ya jubilado: «Agora teño o pracer de poder dedicarme ao que quero, ao que me gusta».

No obstante, antes de esto, hay mucha historia. Viña Sánchez estudió en la escuela de Castromil («escola primaria e punto») y después tocó trabajar. Emigró a Suiza a los 18 años. Sentimentalmente, dice, no le costó irse porque tenía el deseo de ganar de dinero: «Sempre tiven a ilusión de chegar a algo». Por lo demás, tenía ya compañeros allí y se fue con el contrato necesario. Primero como temporero y después ya fijo en la empresa, su oficio fue siempre el de albañil, llegando a ser durante 26 años encargado de obra en el país helvético. Joven, interrumpió su emigración para ir al servicio militar, pero por lo demás permaneció siempre vinculado a la misma empresa: «Estiven moi a gusto nela, son moi fiel, para todo». En Suiza conoció a su esposa, Maggy, de origen belga y maestra de escuela, con la que se casaría en la tierra natal de ella poco después de volver de la mili: «É unha muller formidable». Llegó después un hijo, la construcción de la casa en A Lagoa (Vimianzo), un pequeño tiempo de trabajo en Galicia y, también, una hija. «Despois de facer a casa eu volvín marchar para alá, só, para a mesma empresa», cuenta Jesús. Tenía «60 e medio» cuando regresó. Lo hizo «a gusto», y se ha adaptado. Está contento en Vimianzo, pero no olvida los años pasados allí fuera: «Aínda soño moitas, moitísimas veces con Suíza, que estou alí traballando, soño co traballo de alá, con todo o de alá...».

Meticuloso en su trabajo

Pese a ello, fue tras la jubilación cuando se entregó a sus aficiones. En cuanto a lo de artesanía, empezó realmente «restaurando xugos de vacas». Después pasó a las cajas talladas, de muchas clases, y grabadas en función de cada gusto. Desde que comenzó ha regalado 33, pero aún le quedan en torno a unas cincuenta hechas. Precisamente por eso le comentó a la presidenta de la asociación Neira Marcos la posibilidad de hacer una exposición, con los trabajos que hacen muchos vecinos. Así se fraguó la muestra abierta a principios de este mismo enero en la antigua escuela de Reboredo.

Para sus creaciones, Jesús usa maderas nobles y «súper secas». Ahora, también se atreve algo con la marquetería. Aunque explica que su intención no es la venta y que cuando a alguien le gusta mucho alguna no tiene reparos en regalársela, admite que cada caja lleva su tiempo (nunca lo computó al detalle), porque son varios procesos los que ha de desarrollar: cortar la madera, cepillarla, lijarla, unir las partes... Generalmente, trabaja en dos al mismo tiempo. Una vez que las tiene listas, su mujer le diseña los dibujos y los adapta. Después, él los aplica ya a la madera: «Teño moita ilusión por isto que fago. No meu oficio xa estaba acostumado a ser meticuloso, e aquí sígoo sendo, porque fago todo practicamente sen máquina ningunha».

A sus 71 años sigue yendo a clase de acordeón una vez a la semana. «Vou a Santa Comba. Teño uns amigos alí que son sensacionais. É un profesor e máis o seu fillo que veñen dar as clases, moi ben», cuenta Jesús. Además de en Santa Comba, ofrecen es cuela en otras localidades: «Entre un lado e o outro deben de andar polos cen alumnos». El primer acordeón que tuvo Jesús se lo alquiló precisamente el profesor. Después, cuando fue aprendiendo algo más, ya se compró él uno, italiano. Ahora, como ha seguido avanzando, dice que ya tiene ganas de «un máis grande».

Lo toca cuando están los alumnos del curso juntos, además de cuando organizan sus frecuentes cenas (hoy mismo tocaba una). También en casa, «cando facemos algunha festiña» e incluso en ocasiones especiales, como precisamente la inauguración de la exposición de artesanía en Reboredo, aunque dice que en público se pone algo más nervioso. Allí, sus cajas tuvieron un enorme éxito. Acapararon la atención.

Salidas y viajes

A una cosa y a otra le va dedicando el tiempo que puede, porque también tiene otras «ocupacións», como él las llama: sale con su esposa, se va a la compra o al mercado con ella y, al menos una vez al año, disfrutan de unas merecidas vacaciones: «Imos oito ou dez días por aí». «Antes aínda non coñecía o meu país, pero penso que agora, desde que me xubilei, xa fomos aos sitios máis importantes aos que hai que ir», afirma, reconociendo las ventajas de que, una vez jubilados, se pueda seguir desarrollando actividades. Este Fin de Año pasado, por ejemplo, se acercaron hasta Gran Canaria. Allí está su hijo, mecánico de avión y sargento primero del Ejército del Aire: «Agora está preparando os exames para brigada. Está moi contento. Xa leva vinte anos no Exército do Aire e fomos alí para que tampouco tivese que vir el sempre aquí». La hija de Jesús y Maggy, por su parte, es enfermera en el centro médico coristanqués. El tiempo va pasando así, entre las actividades diarias y las aficiones. Bien empleado.